El reconocido artista francés presenta en Artexarte su primera instalación site specific en Argentina, una propuesta que combina pintura, arquitectura, color y fotografía para crear ilusiones ópticas dentro del espacio.
Al cruzar la puerta de Artexarte, en una antigua fábrica de productos lácteos reconvertida en espacio de arte, una marca en el piso indica dónde hay que detenerse. Desde ese punto, la arquitectura parece transformarse: colores, formas geométricas y perspectivas se ordenan hasta construir una imagen que solo puede verse completa desde ese lugar.
Se trata de “El espacio infinito”, la primera instalación site specific que el reconocido artista visual francés Georges Rousse realiza en Buenos Aires.
Rousse y su equipo trabajaron durante quince días para diseñar la instalación con precisión milimétrica. El resultado combina pintura, arquitectura, espacio y fotografía en una propuesta que cambia a medida que el visitante abandona el punto de observación indicado.
La obra podrá visitarse hasta el 7 de noviembre en Artexarte, Lavalleja 1062, donde además se exhibe una selección de fotografías realizadas por Rousse a lo largo de su trayectoria.
Una obra que primero se construye y después se fotografía
El procedimiento de Rousse parte de una idea particular: construir físicamente una intervención en un espacio para luego fotografiarla desde un único punto de vista.
Lo que aparece en la fotografía final puede parecer una composición imposible, pero detrás de cada imagen existe una intervención concreta sobre la arquitectura. El artista utiliza colores plenos, formas geométricas y distintos materiales para modificar visualmente lugares abandonados, fábricas, casonas y otras construcciones.
La fotografía funciona así como el registro definitivo de una obra que, en muchos casos, deja de existir una vez que termina el proceso.
“Mi objetivo es fotográfico. Después de la irrupción del retoque digital y el Photoshop, me obligué a hacer instalaciones para mostrar el proceso de trabajo. Para que la gente pueda comprender cómo se hacen las fotografías”, explicó Rousse durante un encuentro con periodistas culturales en Artexarte.
La exposición permite recorrer distintas etapas de ese procedimiento a través de obras realizadas en diferentes lugares del mundo.
Del espacio real a la imagen
Influenciado por el cuadrado negro de Kazimir Malevich y por el land art, Rousse desarrolló una producción en la que la fotografía deja de ser solamente una forma de registrar la realidad.
En sus obras, el espacio arquitectónico se convierte en parte fundamental de la imagen. Un círculo de color, una superficie pintada o incluso papeles de diario pueden alterar por completo la percepción de una fábrica abandonada o de una construcción deteriorada.
Una de las fotografías exhibidas, realizada en Vitry en 2007, muestra un círculo de fuego dentro de una fábrica vacía. En otra, correspondiente a Marsella en 2015, la arquitectura queda atravesada por grandes formas de color que modifican la lectura del espacio.
La pregunta aparece inevitablemente: ¿qué estamos viendo y cómo fue construido?
Borges, el infinito y los espacios imposibles
La exposición “El espacio infinito”, curada por la franco-peruana Marisa Sanabria Sequeiros, propone además un diálogo con la literatura de Jorge Luis Borges.
Los espejos, las geometrías, los objetos imposibles, la multiplicidad de formas y la idea del infinito atraviesan el recorrido de la muestra. La arquitectura deja de funcionar solamente como escenario para convertirse en una pieza más de la composición.
“Si la fotografía es una reducción de la realidad, busco que las personas puedan entrar adentro de las mías. Habitar el espacio de las imágenes”, explica Rousse.
Esa búsqueda adquiere una dimensión particular en un momento en el que las imágenes digitales y la inteligencia artificial permiten crear escenas cada vez más difíciles de distinguir de una fotografía tradicional.
Frente a esas posibilidades tecnológicas, el trabajo de Rousse propone el camino inverso: construir primero la ilusión en el mundo físico para después convertirla en fotografía.
La exposición también permite observar la evolución del artista desde sus primeras obras, realizadas a comienzos de los años 80, hasta composiciones posteriores en las que las formas aparecen cada vez más depuradas.
Entre edificios abandonados, fábricas y espacios cargados de historia, Rousse encuentra escenarios que transforma mediante el color y la geometría. El resultado son imágenes que parecen imposibles, pero que nacen de una intervención concreta sobre un espacio real.
