11 mayo, 2026
AR24 2

José Antonio Ratti se sienta en el banquillo por acribillar a su cuñada y su sobrino. Entre sospechas de un plan macabro y el silencio de un barrio aterrado, la familia exige que no haya beneficios para un criminal despiadado.

Villa Fiorito no olvida ni perdona. En los Tribunales de Lomas de Zamora comenzó el juicio contra José Antonio Ratti, el hombre que el 28 de septiembre de 2024 decidió terminar con la vida de Verónica Aguirre y su hijo, Damián Belizan, de la manera más cruel imaginable. Lo que en un principio se quiso disfrazar como una «discusión por ruidos molestos», hoy se revela como una ejecución planificada y cargada de odio familiar. Con una pistola 9 milímetros, Ratti desató una masacre que dejó a una familia destruida y a un barrio exigiendo que el culpable se pudra en la cárcel.

La frialdad del acusado espanta. Según los testimonios que empezaron a desfilar ante el Tribunal Oral en lo Criminal 3, la teoría de la música alta pierde fuerza frente a una realidad mucho más oscura. Ratti ya había amenazado con «matar a todos» meses antes del crimen. No fue un momento de locura; fue un acto de maldad pura. El asesino esperó el momento justo para atacar, obligando a Verónica a ver cómo su hijo moría de un balazo en la cabeza antes de pegarle a ella dos tiros en el pecho. Un nivel de sadismo que no tiene explicación ni perdón.

Las pericias son contundentes: el arma fue encontrada en la casa del imputado, pegada a la escena del crimen. No hubo margen para el error, solo puntería asesina. Damián Belizan murió en el acto, sin poder defenderse, mientras su madre caía segundos después bajo el fuego de un hombre que, según sus propios familiares, «no la quería» y buscaba hacerla sufrir de la forma más dolorosa posible. La viuda de Belizan fue clara: «La hizo ver morir a su hijo y después la mató».

La comunidad de Lomas de Zamora sigue el juicio con los nervios de punta. Mientras algunos testigos parecen haber perdido la memoria por miedo a represalias en el barrio, otros confirman que no hubo discusión previa: Ratti salió a matar. El próximo lunes será una jornada clave antes del veredicto, y la presión social es total. No se aceptará nada menos que la prisión perpetua para un sujeto que decidió que la vida de sus propios parientes no valía nada.

El caso de Fiorito es un espejo de la violencia que desborda en las calles, donde un conflicto familiar termina en un baño de sangre por la tenencia de armas ilegales y la falta de escrúpulos. El Tribunal tiene ahora la oportunidad de dar un mensaje claro: en Lomas, la vida se respeta y los asesinos terminan tras las rejas para siempre. La sentencia marcará si hay justicia para Verónica y Damián o si la impunidad vuelve a ganar en el Conurbano.

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