En medio del cortocircuito entre Trump y el Reino Unido, el Presidente asegura que la soberanía no se negocia y que busca recuperar las islas «con cerebro».
Javier Milei rompió el silencio justo cuando el mundo mira con asombro cómo Estados Unidos amenaza con soltarle la mano a los británicos por el control del Atlántico Sur. El mandatario argentino aprovechó una entrevista por streaming para marcar la cancha, afirmando que su gestión agota todas las instancias «humanamente posibles» para que las Islas Malvinas vuelvan a ser argentinas, en un escenario geopolítico que huele a oportunidad o a una jugada muy arriesgada.
La frase del Presidente, «cerebro frío al servicio de corazón caliente», no es casual. Surge justo cuando se filtra que el Pentágono está harto de que sus aliados de la OTAN, con Londres a la cabeza, le pongan palos en la rueda para usar sus bases en la guerra contra Irán. ¿Estamos ante un guiño real de Donald Trump para Argentina o es solo otra pelea de vestuario entre las potencias mundiales?
Milei se muestra confiado y asegura que su administración no va a negociar la soberanía, pero advierte que hay que ser «criteriosos». Mientras tanto, en los pasillos de Washington ya califican a los aliados europeos como un «tigre de papel». La pregunta que se hacen todos en la calle es si esta vez el alineamiento incondicional de Milei con la Casa Blanca va a rendir frutos reales o si Malvinas volverá a ser moneda de cambio en una guerra ajena.
La tensión entre Washington y el Reino Unido escaló a niveles impensados desde que Trump criticó la falta de apoyo en Medio Oriente. El correo electrónico revelado por Reuters, donde se menciona «castigar» a quienes no cedan derechos de sobrevuelo, pone a las islas en el centro del tablero. Milei se frota las manos, pero el escepticismo de muchos bonaerenses sigue intacto: ¿realmente EE.UU. nos va a dar el visto bueno o es otra cortina de humo?
El escenario cambió y el tablero internacional está prendido fuego. Queda ver si esta estrategia del «cerebro frío» de Milei logra que las Malvinas dejen de ser un reclamo de escritorio para convertirse en una realidad, o si terminamos siendo peones de una jugada de Trump que no nos incluye.
