11 mayo, 2026
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El gobernador bonaerense inicia una gira por la provincia más antikirchnerista del país buscando aliados sindicales y esquivando la foto con el oficialismo local.

Axel Kicillof cruza la frontera provincial para probar suerte en el corazón del rechazo electoral a su espacio político. Sin el recibimiento oficial de Martín Llaryora, quien estratégicamente se ausentó de la provincia, el mandatario de Buenos Aires se refugia en el aparato sindical de Héctor Daer y el armado de Carlos Caserio para intentar hacer pie en un distrito que históricamente le dio la espalda.

La movida es interpretada como un desafío directo a la conducción de Cristina Kirchner, buscando construir un liderazgo federal que hasta ahora le fue esquivo. El gobernador evita las luces del oficialismo cordobés y se concentra en intendentes y gremialistas de segunda línea, una estrategia que genera dudas sobre su capacidad real de penetración en el electorado productivo de la zona central.

Mientras en La Plata intentan bajarle el tono a la visita calificándola como una agenda de «gestión», los movimientos en La Falda y Cosquín delatan una urgencia electoral de cara a 2027. La ausencia de figuras de peso del peronismo cordobés en sus actos marca la distancia que todavía separa al modelo bonaerense del sentimiento mayoritario en la Docta.

Este viaje pone a prueba la resistencia de un dirigente que necesita, imperiosamente, romper el techo del conurbano para ser competitivo a nivel nacional. La firma de convenios turísticos y la presentación de su libro en la Universidad Tecnológica funcionan como excusas formales para una incursión que busca medir el clima social en el territorio más difícil para su proyecto político.

Queda por ver si esta «misión política» logra algún resultado concreto o si Kicillof terminará confirmando que Córdoba sigue siendo un muro infranqueable para sus aspiraciones presidenciales.

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