11 mayo, 2026
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La industria y la construcción rebotan con fuerza pero las acciones porteñas se hundieron hasta un 5% por el escándalo de Manuel Adorni y las fracturas en el oficialismo.

El veranito financiero duró lo que un suspiro y la culpa no es de la economía, sino de la política que no para de autodestruirse. Mientras el INDEC confirmaba que la industria y la construcción por fin sacaron la cabeza afuera del agua con subas de hasta el 4,7%, la city porteña decidió mirar para otro lado: los bonos se frenaron y la Bolsa cayó un 1,6% porque los inversores huelen sangre en las internas de La Libertad Avanza.

Lo que nadie te dice es que el «Adornigate» salió carísimo. El mercado, que venía de festejar la suba de nota de Fitch, se pegó un susto bárbaro cuando Patricia Bullrich salió a apurar al vocero con su declaración jurada, desatando la furia de Karina Milei. El resultado fue inmediato: el riesgo país volvió a subir y las acciones argentinas en Nueva York se tiñeron de rojo, demostrando que al capital le importa más la estabilidad del Gobierno que los balances positivos de YPF o Pampa Energía.

¿De qué sirve que tengamos una deuda per cápita de apenas 6.000 dólares, bajísima comparada con los 600.000 de Irlanda, si adentro del Gobierno se tiran con carpetazos? La desconfianza es tan grande que Moody’s ya avisó que no piensa subirnos la calificación porque el clima político es «incierto». La economía quiere arrancar, los números de abril con Brasil muestran que el déficit se desplomó, pero la política se empeña en poner el palo en la rueda.

Para colmo, reaparecieron los fantasmas del pasado. Delfina Rossi salió a agitar la bandera de la reestructuración de deuda, ese mismo cuentito que en 2019 hizo que los bonos se desplomaran un 60% en un solo día. Entre los que quieren defaultear y los que se pelean por ver quién es más honesto en el Gabinete, el dólar oficial sigue subiendo silenciosamente y las reservas del Banco Central solo se mantienen gracias a que el oro subió en todo el mundo.

La crisis ya no es de bolsillo, es de gestión. Los consultores coinciden en que el impulso de marzo y abril se lo está devorando la interna a cielo abierto de cara al 2027. La pregunta es cuántos datos positivos más vamos a desperdiciar antes de que el mercado se canse definitivamente de este «reality show» político que nos sale fortuna a todos.

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