Cientos de miles de argentinos ya no son sujetos de crédito por el récord de mora y los bancos advierten que sus legajos quedarán manchados por años.
El sistema financiero argentino acaba de parir una nueva categoría de excluidos que mete miedo: los «deudores zombies». Se trata de una marea de gente que, tras el estallido de la mora más alta en 25 años, quedó con el scoring por el piso y el legajo digital sucio. Aunque los bancos ahora ofrezcan refinanciaciones «generosas» para intentar cobrar algo, la realidad es que para el mercado estos ciudadanos ya no existen y no recibirán ni un peso más por mucho tiempo.
La trampa es perfecta. Durante el último año, la ilusión de la inflación licuadora llevó a muchos a tomar tasas imposibles, pero el plan de Luis Caputo les pinchó el globo y ahora una de cada cuatro personas que usó fintech tiene el agua al cuello. Los bancos, que en privado admiten que no estaban preparados para semejante demanda, ahora se lavan las manos y lanzan una advertencia mafiosa al Congreso: ni se les ocurra poner topes a las tasas o intervenir, porque «ellos saben lidiar» con los morosos.
Lo que no dicen es que mientras ellos «resuelven» sus balances, el ciudadano de a pie se convirtió en un paria financiero que no puede sacar ni una licuadora en cuotas. La mora en préstamos personales y tarjetas saltó al 11,2%, y aunque el Gobierno diga que la situación está bajo control, el estigma de ser un «zombie» para el Veraz durará años. Es la muerte civil para el consumo de la clase media, que ahora mira desde afuera cómo el sistema sigue girando sin ellos.
El escenario es de una crueldad técnica absoluta. Mientras el crédito a empresas retrocede y el consumo apenas respira, los bancos se blindan endureciendo requisitos que dejan a medio país afuera. La pregunta es qué pasará con toda esa gente que ya no califica para nada y queda a merced de cuevas o prestamistas ilegales, mientras en la city porteña brindan porque la «situación ya empieza a estar bajo control» para sus propios bolsillos.
