En Argentina, cuando el ruido político aturde, es porque algo grande está pasando en las sombras. Mientras el periodismo se regocija con las internas del Gobierno, los números fríos de la City porteña y los puertos bonaerenses cuentan una historia que pocos se atreven a admitir: el riesgo país está en el subsuelo y la inflación en alimentos ya no existe.
La tendencia del mercado es innegable. Por primera vez en meses, ya no queda un solo bono argentino que pague más del 10% anual, y el riesgo país perforó los 510 puntos, el nivel más bajo en casi tres meses. No es magia, es el impacto de un Banco Central que sigue aspirando dólares (hoy otros 110 millones) y reservas que ya superan los 46.000 millones. Mientras tanto, en los puertos de la Provincia, el campo está metiendo una cosecha con precios récord que garantizan la paz cambiaria que tanto irrita a los que esperan el estallido.
El trasfondo de esta «comedia dramática» es que el peronismo y parte de la prensa están usando a Manuel Adorni como el nuevo «pollo de Mazzorín». Se obsesionan con sus dólares mientras se levanta el secreto de sumario por la estafa millonaria de las SIRA en la gestión anterior. Es el viejo truco de mirar la paja en el ojo ajeno para no ver la viga en el propio. ¿Por qué nadie habla de que el REM proyecta estabilidad cambiaria total para los próximos meses?
Como consecuencia, el único lugar donde todavía no hay sonrisas es en la Bolsa. Las acciones locales cayeron un 2,2% y en Wall Street los ADR argentinos se hundieron hasta un 12%. ¿Saben por qué? Porque los grandes fondos todavía tienen miedo de que la baja de tasas no sea suficiente para reactivar el consumo o que el 2027 nos encuentre con una presión cambiaria asfixiante. El mercado compra los bonos del Estado, pero todavía desconfía de las empresas privadas.
La realidad es que, si caminás la calle como hacía la mamá de Lacha Lázzari, te das cuenta de que la brecha de precios es un escándalo. Podés pagar una golosina 1450 pesos o 550 según cuánto quieras caminar. Esa distorsión es la que el Gobierno está intentando domar con inflación cero en alimentos en lo que va de mayo.
¿Vamos camino a una estabilidad real o es solo una primavera financiera antes de otro canje de deuda forzoso? El mercado ya eligió creer en los bonos, pero la calle sigue esperando que ese alivio se sienta en el bolsillo y no solo en las planillas de Excel de Luis Caputo.
