En el seno de la Casa Rosada se admite que la designación del nuevo jefe de Gabinete fuerza a reestructurar los planes electorales bajo parámetros de mayor pragmatismo. Mientras Karina Milei asumirá el control absoluto de los armados políticos tanto a nivel nacional como provincial, Santiago Caputo se limitará a asesorar al primer mandatario de forma directa, dejando de lado cualquier tipo de injerencia en los territorios del interior.
Luego del acto de jura de Diego Santilli, la administración central dio inicio a una etapa en la que se reeditan los pilares de campaña, apostando por un esquema electoral menos confrontativo y con una dependencia directa de los consensos de la dirigencia tradicional. Puertas adentro del Ejecutivo señalan que el encumbramiento del exministro del Interior modifica sustancialmente tanto el discurso como la organización territorial, volcando la estrategia hacia la exposición de logros en materia económica y de seguridad, la aprobación de reformas parlamentarias y el entendimiento con los mandatarios provinciales.
El fin de la retórica fundacional y el espejo del gradualismo
Diversas terminales del Gobierno nacional coinciden en que esta renovación ministerial representa la defunción del proyecto fundacional, obligando a trazar directrices inéditas para sostener el espacio. Las discusiones en Balcarce 50 giran en torno a abandonar la «batalla contra la casta» como el principal rasgo de identidad política, priorizando en su lugar la oferta de previsibilidad financiera, macroeconómica y de orden público. Desde las oficinas de la Nación aseguran que los resultados económicos constituyen la única herramienta viable para retener al electorado propio.
Esta mutación conlleva relegar a un segundo plano las propuestas más disruptivas promovidas en el ascenso de Javier Milei al poder. Voces oficiales reconocen que perderán impulso proyectos enfocados en desmantelar los denominados privilegios de la política, entre los que se encontraba la reforma de la Ley de Ética Pública elaborada por los equipos técnicos. El eje de gestión se desplazará estrictamente hacia el sostenimiento del superávit fiscal, la desaceleración de la inflación, la contención del gasto estatal, la seguridad y las garantías de gobernabilidad.
Al describir este nuevo encuadre, sectores de la administración libertaria apelan a la comparación con la experiencia de gestión del macrismo. No se trata de una subordinación directa hacia Mauricio Macri —quien volvió a ser objeto de fuertes reproches por parte de Milei debido al reperfilamiento de la deuda de su gestión—, sino de adoptar una campaña basada en la previsibilidad, la administración de las metas alcanzadas y la promesa de continuidad en el tiempo. El objetivo gubernamental es presentarse ante el año 2027 bajo una consigna ligada a la preservación de los logros macroeconómicos antes que a un planteo de refundación nacional.
Bajo esta lógica, la Casa Rosada proyecta una eventual segunda presidencia como un período de expansión financiera. En los despachos de Balcarce 50 sostienen que, si la inflación se encamina a parámetros internacionales y se preserva el equilibrio fiscal y monetario, la contienda electoral de 2027 prescindirá de las promesas de recortes y restricciones presupuestarias, centrándose en el fomento de inversiones, el acceso al crédito, el alivio impositivo, la apertura de mercados y el crecimiento económico. En el plano de las definiciones oficiales, sintetizan que la primera fase consistió en ordenar el Estado, mientras que la siguiente se enfocará en expandir la actividad.
Alianzas obligadas ante la escasez de cuadros propios
La concurrencia masiva de gobernadores y dirigentes de la estructura del PRO al juramento de Santilli fue interpretada internamente como el reflejo de esta transición. El flamante jefe de Gabinete asumió rodeado de mandatarios y socios políticos indispensables para el Ejecutivo, en una ceremonia que contó además con la asistencia de Karina Milei, Santiago Caputo, Eduardo “Lule” Menem, Martín Menem y Manuel Adorni. La puesta en escena buscó proyectar armonía interna y receptividad hacia los sectores requeridos para consolidar el paquete de reformas oficiales.
En el Gobierno conceden que la falta de figuras políticas con peso propio aceleró este viraje estratégico. El desgaste y posterior desplazamiento de José Luis Espert y Manuel Adorni como interlocutores directos de Milei forzó una revisión integral del esquema de vocerías y del armado de cuadros técnicos. Sectores de La Libertad Avanza admiten que el encumbramiento de Santilli, el rol central que asume Patricia Bullrich en el ámbito del Senado y los pactos con gobernadores demuestran una dependencia creciente respecto a dirigentes que en la campaña previa habían sido catalogados como parte del sistema a combatir.
Este nuevo escenario altera de igual manera el panorama en la Capital Federal. En Balcarce 50 aceptan la proximidad de una negociación en la Ciudad de Buenos Aires y la necesidad de reformular el vínculo con Patricia Bullrich, una alternativa que semanas atrás no formaba parte de la planificación del entorno de Karina Milei. El plan original del oficialismo apuntaba a obligar a la senadora a competir electoralmente en territorio porteño para limitar su proyección territorial, pero la coyuntura actual la transforma en un activo difícil de restringir.
«Vamos a tener que arreglar con Patricia. Internamente todos lo saben», confiesan fuentes gubernamentales en Nación. La afirmación sintetiza el nuevo mapa de poder: Bullrich consolidó su capacidad de negociación gracias a su peso en la Cámara Alta, su autonomía frente a las derivaciones del caso Adorni y la urgencia de la Casa Rosada de bloquear rupturas con bloques aliados. Por este motivo, el Ejecutivo ya contempla discutir una estrategia global con ella que involucre la Capital Federal, la composición de la fórmula nacional o la coordinación legislativa con vistas a 2027.
En concordancia con esta tónica se modeló el perfil de Adrián Ravier en la vocería presidencial. Desde el Ejecutivo manifiestan que el pedido explícito del Presidente fue encauzar la comunicación exclusivamente por el carril económico. En consecuencia, su primera rueda de prensa no incluyó anuncios políticos de relevancia, concentrándose en la defensa del rumbo macroeconómico, la reducción del índice de precios, las reformas del Estado y los datos duros de la administración pública.
La evaluación interna sobre el desempeño de Ravier fue de aprobación total. El recambio escénico, la utilización de filminas y la adopción de un lenguaje técnico buscaron establecer una distancia explícita, tanto visual como discursiva, respecto de la gestión de Adorni. La meta trazada en la Casa Rosada es ofrecer una impronta diferenciada que prescinda de la confrontación con el periodismo y jerarquice los argumentos de carácter macroeconómico.
Agenda parlamentaria y pactos de gobernabilidad en las provincias
La diferencia sustancial con el modelo de gestión anterior radica en que el Gobierno otorga prioridad absoluta a la aprobación de leyes en el Congreso y a las negociaciones directas con mandatarios y referentes territoriales. Santilli asumió la jefatura de los ministros con la misión explícita de recomponer la relación con las fuerzas aliadas, ordenar la agenda parlamentaria y garantizar acuerdos legislativos antes del mes de marzo. Dentro del menú de discusiones parlamentarias se encuentran la reforma electoral, el Súper RIGI, las iniciativas sobre propiedad privada, los pliegos judiciales pendientes, la denominada Ley Hojarasca, y los proyectos sobre ludopatía y etiquetado frontal.
A nivel territorial, la Casa Rosada contempla profundizar acuerdos políticos específicos en las provincias. La estrategia se orienta a negociar con aquellos gobernadores que pretendan competir electoralmente contra las listas de La Libertad Avanza en sus propios distritos, resguardando siempre los puentes de gobernabilidad institucional. En la Nación definen estas conversaciones extraoficiales bajo la premisa de consensuar qué postulantes presentar y en qué regiones evitar una disputa abierta.
Este mecanismo ya presentaba avances previos a la salida de Adorni. En Balcarce 50 se coordinaban entendimientos reservados basados en la competencia controlada y la gobernabilidad mutua con mandatarios provinciales de perfil dialoguista; el esquema no contempla necesariamente la confluencia en listas comunes, sino evitar confrontaciones directas en provincias clave, garantizar el acompañamiento a las reformas en el Congreso y evitar el financiamiento de candidaturas locales que dinamiten las relaciones políticas existentes. El arribo de Santilli pretende dotar de mayor envergadura a ese esquema de negociación.
Pese a esto, el Ejecutivo planea presentar la marca de La Libertad Avanza en la mayor parte del territorio nacional, cuidando de no quebrar los canales de diálogo con los mandatarios indispensables para el trámite parlamentario. Desde el sector oficialista aseguran que la ingeniería electoral replicará los parámetros de 2025: disputar elecciones sin alianzas formales con los oficialismos locales en la mayoría de las provincias, concentrando los mayores recursos de campaña en los distritos con mayor peso demográfico y estructura partidaria disponible.
La incorporación de Santilli corona una sucesión de desvinculaciones que transformaron de raíz la fisonomía del proyecto político original, tras los alejamientos de Nicolás Posse, Guillermo Francos, Guillermo Ferraro y Manuel Adorni. Del núcleo inicial de la gestión se mantienen Karina Milei, Santiago Caputo y la familia Menem, aunque desempeñando funciones diferentes y bajo una lógica de equilibrio interno marcadamente pragmática.
Finalmente, el reordenamiento electoral establecerá una delimitación precisa de las tareas internas. Karina Milei conducirá de forma exclusiva el armado político nacional y provincial apoyada por Eduardo “Lule” Menem y Martín Menem; por su parte, Santiago Caputo circunscribirá su tarea a la asesoría electoral directa de Javier Milei, absteniéndose de intervenir en disputas provinciales o en el proceso de selección de candidatos de los distintos distritos. De esta manera, el oficialismo busca clausurar la posibilidad de que el armado político se transforme en un foco de disputa crónico entre las diferentes terminales de la Casa Rosada.
Por su parte, el sector denominado como «Las Fuerzas del Cielo» mantendrá bajo su control áreas estratégicas del aparato estatal y buscará preservar su capacidad de influencia en el debate público. Desde el oficialismo apuntan a la permanencia de estos cuadros en estructuras de relevancia como la SIDE, ARCA y distintas dependencias de los ministerios de Economía y Salud, donde conviven diversas líneas internas. «Van a poner a sus candidatos, pero la campaña la vamos a hacer y ganar igual», advierten desde dicha terminal, evidenciando que las disputas por espacios institucionales no alterarán necesariamente las decisiones finales sobre las candidaturas del espacio.
