Un dossier del Atlantic Council analiza la agenda impulsada por Donald Trump para contener la creciente influencia económica, financiera y comercial de Beijing en la región, aunque alerta que China mantiene ventajas estratégicas en sectores clave.
(Desde Washington, Estados Unidos) Donald Trump diseñó una hoja de ruta destinada a contener la profunda influencia económica, financiera y comercial que China había desarrollado en América Latina y el Caribe. Entre las medidas impulsadas por el presidente estadounidense se encuentran nuevos aranceles para las importaciones, un acuerdo multilateral para proteger la cadena de suministros denominado Pax Silica, un programa regional sobre minerales críticos y la creación del Escudo de las Américas, orientado a evitar que los delitos transnacionales afecten la seguridad de Estados Unidos.
Estas decisiones geopolíticas del mandatario republicano apuntan a un objetivo central: contener la expansión de China en América Latina y el Caribe, a través de créditos blandos, inversiones de rápida ejecución, exportaciones de bienes producidos mediante trabajo esclavo y el tráfico de fentanilo.
En este contexto, el Centro Adrienne Arsht para América Latina del Atlantic Council publicó un informe de 29 páginas elaborado por José Antonio González Anaya, exministro de Finanzas de México, y Martin Cassinelli, director asistente del Atlantic Council.
Las principales conclusiones del informe del Atlantic Council
El documento sostiene que la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 identifica la asociación económica hemisférica como una prioridad estratégica. Según el informe, el capital privado estadounidense ya desarrolla una actividad significativa en la región y una acción gubernamental orientada podría ampliar considerablemente su alcance.
El dossier también destaca que Estados Unidos continúa siendo el mayor inversor extranjero de América Latina y el Caribe, independientemente del criterio utilizado para medirlo.
A lo largo de las últimas dos décadas, ningún otro país habría alcanzado una escala, amplitud o continuidad comparable a la del sector privado estadounidense en la región, con un promedio de 28.700 millones de dólares anuales destinados a energía, infraestructura digital, manufactura y servicios.
De acuerdo con el informe, la inversión extranjera directa de Estados Unidos en nuevos proyectos genera un 65% más de empleos por cada mil millones de dólares que la inversión china y un 22% más que la europea, lo que la convierte en el capital con mayor impacto en la generación de puestos de trabajo disponible para la región.
Además, las empresas estadounidenses lideran a los inversores extranjeros en intensidad de investigación y desarrollo en América Latina y el Caribe. Sus inversiones se concentran en sectores de alto contenido de conocimiento y generan efectos de innovación en las economías receptoras que, según el Atlantic Council, no son replicados por sus principales competidores.
Minerales críticos: la disputa que preocupa a Washington
El informe identifica la brecha en materia de minerales críticos como una de las principales oportunidades para Estados Unidos. La inversión estadounidense en nuevos proyectos mineros en América Latina promedia apenas 200 millones de dólares anuales, mientras que China destina una cifra veinte veces mayor al sector.
La región cuenta con algunas de las mayores reservas mundiales de litio, cobre y níquel. Según el documento, redirigir el capital y los instrumentos de financiamiento del Gobierno estadounidense hacia esos recursos permitiría fortalecer la seguridad de las cadenas de suministro de Estados Unidos y, al mismo tiempo, profundizar los vínculos comerciales con socios estratégicos del hemisferio.
La distribución geográfica de las inversiones también representa un desafío. Aproximadamente el 70% de la inversión extranjera directa estadounidense en nuevos proyectos desde 2020 se concentró en México, Brasil y Guyana, mientras que otros países considerados estratégicos, entre ellos Argentina, Chile, Perú y las economías de América Central, permanecen con menor nivel de atención.
Estados Unidos mantiene una dependencia estructural de los minerales críticos, esenciales para la fabricación de chips, vehículos eléctricos, baterías, misiles, aviones, submarinos y barcos.
China, por su parte, controla más del 70% de las reservas de los minerales críticos utilizados en el mundo. Esta ventaja representa una preocupación para Trump y forma parte de los motivos que llevaron a definir una estrategia integral de seguridad nacional.
Desde esta perspectiva, el Atlantic Council advierte sobre los mecanismos que China desarrolló para acceder a las reservas de minerales críticos disponibles en América Latina.
“La urgencia es real. China ha triplicado su IED Greenfield en ALC desde 2020 y está ganando terreno en la manufactura automotriz, la infraestructura logística y la minería”, señala el informe.
Finalmente, el dossier concluye que Estados Unidos conserva ventajas importantes en los sectores considerados estratégicos, aunque advierte que será necesaria una acción deliberada para mantenerlas. En ese sentido, sostiene que el Gobierno estadounidense cuenta con instrumentos de financiamiento, relaciones diplomáticas y argumentos estratégicos para ampliar la presencia de sus inversiones en el hemisferio.
