14 agosto, 2026
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Cameron Parish quedó devastado por el huracán Rita en 2005, pero dos décadas después atraviesa un boom económico impulsado por las exportaciones de gas natural licuado. La llegada de nuevas inversiones millonarias transformó el futuro de una comunidad que busca recuperar a los jóvenes que alguna vez tuvieron que emigrar.

Hace dos décadas, Cameron Parish, un condado costero del estado de Luisiana, quedó prácticamente destruido tras el paso del huracán Rita. Más del 90% de las viviendas sufrieron daños graves o fueron arrasadas, mientras que el costo de las reparaciones alcanzó los US$2.750 millones.

Entre quienes vivieron aquella tragedia se encuentra Michael Fewell, quien tenía 16 años cuando el fenómeno climático golpeó la región en 2005.

«Parecía una zona de guerra», recordó Fewell, quien durante varios días recorrió distintos pueblos en su camioneta para recoger el ganado muerto que había sido arrojado por el huracán contra las viviendas. Mientras realizaba esa tarea, también observaba cómo helicópteros de la Guardia Nacional llevaban agua potable a los barrios que intentaban sobrevivir a la emergencia.

«Fueron, sin duda, algunos de los días más oscuros de mi vida», relató.

Hoy, Fewell es presidente del consejo electo que administra el condado, que tiene unos 4.700 habitantes, y sostiene que el panorama cambió de manera radical. Según sus proyecciones, Cameron Parish podría convertirse en uno de los territorios más ricos de la región.

«Vamos a tener más dinero del que necesitamos», afirmó.

El cambio tiene una explicación concreta: donde antes había zonas de pastoreo ahora funciona Sabine Pass, considerada la mayor terminal de exportación de gas natural licuado (GNL) del mundo. La planta comenzó a enviar combustible al exterior en 2016 y se convirtió en el motor de una transformación económica que continúa en expansión.

El GNL se produce mediante el enfriamiento del gas natural hasta los -162 °C, proceso que lo transforma en líquido y reduce su volumen unas 600 veces. De esta manera, puede almacenarse y trasladarse en grandes buques metaneros.

Solo Sabine Pass tiene capacidad para procesar 29,5 millones de toneladas de GNL cada año. A esa infraestructura se suman otras dos terminales que funcionan en el condado y una cuarta que se encuentra actualmente en construcción.

El nuevo proyecto es Commonwealth LNG, cuya inversión asciende a US$13.000 millones. Las obras comenzaron en mayo y se espera que la planta alcance una producción anual de 9,5 millones de toneladas de GNL para 2030, una cantidad equivalente al consumo necesario para calefaccionar a seis millones de hogares.

El impacto económico esperado es enorme. Se calcula que Cameron Parish podría recaudar más de US$4.000 millones en impuestos durante los próximos diez años gracias a las terminales de gas.

El crecimiento de la industria también se explica por la expansión de Estados Unidos como exportador mundial de GNL. Hace apenas una década, el país tenía una participación mínima en este mercado, pero actualmente se convirtió en el principal proveedor global.

Luisiana concentra alrededor del 60% de las exportaciones de GNL estadounidenses, utilizando gas que llega a través de gasoductos desde distintos puntos del estado, Texas e incluso Pensilvania. Dos de cada tres toneladas de GNL que exporta Luisiana salen de Cameron Parish.

Para Tim Wyatt, presidente de Caturus, la compañía matriz de Commonwealth LNG, el crecimiento de la industria responde a la creciente demanda internacional en un contexto de inestabilidad global.

Según explicó, Estados Unidos dispone de un suministro abundante y de bajo costo, además de una producción flexible y confiable que permite abastecer a los mercados que necesitan energía.

El boom del gas también genera críticas

El crecimiento económico no está exento de cuestionamientos. La expansión de las terminales de GNL implica un mayor movimiento de buques metaneros, que por su enorme tamaño requieren canales de navegación más profundos y amplios.

El dragado de esas vías también genera preocupación ambiental. Si el material extraído no es contenido correctamente, puede terminar en las aguas cercanas. El año pasado, un incidente provocó que unas 15.000 yardas cúbicas de sedimentos se extendieran fuera del área autorizada.

Fewell reconoce que existe cierto malestar entre los habitantes de la zona debido al aumento del tráfico marítimo, aunque sostiene que los beneficios económicos son difíciles de ignorar.

Uno de los indicadores que utiliza para respaldar su argumento es el ingreso familiar promedio. En 2024 alcanzó los US$75.000, un 25% más que los US$59.555 registrados en 2010.

El crecimiento de Cameron también está directamente relacionado con la demanda europea. Después de la invasión rusa de Ucrania en 2022, los países del continente aceleraron la búsqueda de nuevas fuentes de abastecimiento para reemplazar el gas que anteriormente compraban a Moscú.

La situación internacional volvió a reforzar esa dependencia. El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán y las dificultades que afectaron las exportaciones de Qatar aumentaron la importancia del GNL estadounidense para Europa.

De acuerdo con analistas del Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero, Estados Unidos actualmente representa cerca de dos tercios de las importaciones europeas de gas, frente a aproximadamente una cuarta parte en 2021.

Susan Bourgeois, secretaria de Desarrollo Económico de Luisiana, sostiene que las exportaciones de GNL permitieron a Europa mejorar la seguridad de su abastecimiento energético. Según explicó, los compradores europeos comenzaron a priorizar contratos de largo plazo para garantizar la continuidad del suministro.

Pero esa dependencia también tiene consecuencias. Ana Maria Jaller-Makarewicz, analista del Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero, advierte que Europa debe competir con Asia por los mismos cargamentos de GNL estadounidense, lo que termina presionando al alza los precios.

La especialista estima que para 2030 Estados Unidos podría representar hasta el 80% de las importaciones de GNL de la Unión Europea.

Alemania, uno de los países más afectados

La dependencia energética se siente especialmente en Alemania, principal potencia industrial de la Unión Europea y responsable de más de una cuarta parte de la producción manufacturera del bloque.

En InfraLeuna, un enorme complejo industrial dedicado a la producción química y de plásticos, su director, Christof Guenther, observa de cerca el impacto del aumento de los costos energéticos.

Antes de la guerra en Ucrania, la planta destinaba unos 60 millones de euros anuales al pago del gas. Para este año, la factura podría alcanzar los 200 millones de euros en medio de la crisis provocada por el conflicto con Irán.

Guenther considera que el gas estadounidense no representa una solución suficiente para la industria alemana. Según explicó, el precio del gas natural en Estados Unidos equivale a entre el 20% y el 25% de lo que pagan los consumidores alemanes, pero los costos aumentan considerablemente después de transformarlo en GNL y trasladarlo por barco a través del Atlántico.

El impacto también alcanza a los hogares. El gas representa el 12% de la generación eléctrica de Alemania y aproximadamente la mitad de las viviendas cuentan con sistemas de calefacción alimentados con este combustible.

Según datos de Clean Energy Wire, el hogar alemán promedio paga actualmente un 31% más por la electricidad que antes de la guerra en Ucrania. El costo del gas residencial, en tanto, aumentó más del 74% durante el mismo período.

La tendencia se repite en otros países europeos. De acuerdo con cifras oficiales de Eurostat, las facturas eléctricas de los hogares de la Unión Europea aumentaron un 30% desde 2021.

En Reino Unido, los precios de la electricidad son ahora un 38% más altos que a mediados de 2021, mientras que el gas aumentó un 120%, según datos del regulador Ofgem.

Para Jaller-Makarewicz, este escenario podría mantenerse durante los próximos años, al menos hasta que Europa consiga reducir su consumo de gas.

A esto se suma el acuerdo comercial firmado en 2025 entre Estados Unidos y la Unión Europea, mediante el cual Europa se comprometió a comprar US$750.000 millones en energía estadounidense durante tres años, incluyendo GNL, petróleo y combustible nuclear.

El sueño de recuperar a los jóvenes

Mientras Europa enfrenta el impacto de los costos energéticos, en Cameron Parish la expansión del GNL es vista como una oportunidad para dejar atrás definitivamente las consecuencias de una tragedia que parecía haber condenado al lugar al abandono.

Fewell observa el crecimiento económico con optimismo, aunque su principal deseo va más allá de los ingresos que puedan generar las nuevas inversiones.

«Si tuviera un sueño, sería el de traer de vuelta a nuestra juventud», expresó.

Sus propios hijos podrían encontrar ahora empleos bien remunerados sin necesidad de abandonar el lugar donde crecieron. Es una posibilidad que parecía impensada cuando Fewell era adolescente y recorría las calles de una comunidad destruida por el huracán Rita.

Dos décadas después, aquella zona que estuvo al borde de quedar deshabitada encontró en el gas natural licuado una nueva oportunidad para reconstruir su futuro.

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