Cientos de chicos participaron de una particular competencia en la que no hay golpes ni premios: gana quien consigue más gritos del público. Redes sociales, viralidad y una vieja necesidad de ser elegido se mezclan en el fenómeno.
El término “farmear” proviene del universo de los videojuegos y remite a la idea de cultivar o acumular algo. En este caso, los adolescentes lo utilizan para hablar de conseguir reconocimiento frente a los demás mediante movimientos, actitud, creatividad y, sobre todo, la reacción del público.
Una batalla sin golpes, pero con mucha presión
Los enfrentamientos son mano a mano. Dos participantes de edades similares se colocan frente a frente y comienzan a realizar movimientos que van desde gestos con las manos hasta patadas al aire o poses desafiantes.
No se trata de golpearse. Los movimientos simulan una pelea y buscan generar una reacción en quienes rodean la ronda. El objetivo es imponerse mediante la creatividad, la seguridad y la capacidad de provocar gritos de apoyo.
En algunas ocasiones, incluso pequeños gestos se convierten en recursos para “ganar aura”: quitarle la gorra o los anteojos al rival, hacerle una broma o levantar los brazos para provocar una ovación.
La definición del ganador también es colectiva. Después de cada duelo, Joe Almirón levanta los brazos de los dos participantes y el que recibe mayor cantidad de gritos es considerado el ganador.
El código de una generación
La escena puede parecer completamente nueva, pero detrás de la terminología digital aparecen comportamientos conocidos.
Los adolescentes compiten por llamar la atención, buscan la aprobación de sus pares y quieren destacarse, aunque sea durante unos segundos. La diferencia es que ahora esas dinámicas tienen un lenguaje propio y nacen, se organizan y se difunden principalmente a través de las redes sociales.
“Farmear aura” también funciona como una forma de pertenencia. Los jóvenes que participan conocen los movimientos, entienden los códigos y comparten referencias que pueden resultar incomprensibles para quienes están fuera de ese universo.
Una madre que asistió con sus hijas reconoció que no terminaba de entender qué hacían los chicos, pero quería observarlo para comprender aquello que les interesaba. Otro padre destacó que, pese a su origen digital, la convocatoria había conseguido reunir a cientos de jóvenes en un espacio público y sin violencia.
Redes sociales, celulares y vida real
La paradoja de estas reuniones es que nacen en las pantallas, pero terminan llevando a los adolescentes a encontrarse físicamente.
Los participantes llegan con sus teléfonos, graban las batallas, buscan viralizarse y esperan que sus amigos compartan los videos. Pero también se juntan, caminan hasta la plaza, llevan sus propias hinchadas y participan de una experiencia colectiva.
Uno de los adolescentes entrevistados lo resumió de manera directa: quería participar para conseguir visibilidad y que su familia pudiera verlo si llegaba a viralizarse.
Así, el teléfono funciona al mismo tiempo como origen y destino de la experiencia: primero sirve para convocar, después para registrar y finalmente para volver a compartir aquello que ocurrió fuera de la pantalla.
El verdadero premio: ser elegido
Entre las decenas de batallas que se sucedieron durante la tarde, el reconocimiento del público fue el principal premio.
Los participantes no solamente buscaban ganar un duelo. Querían ser vistos, generar una reacción y sentirse parte de algo. La multitud se convertía en una hinchada que validaba a quienes se animaban a entrar en la ronda.
Y ahí aparece el elemento que probablemente explique mejor el fenómeno: la necesidad adolescente de pertenecer y ser elegido no es nueva.
Cambian las plataformas, las palabras y los gestos. Antes podía ser una cancha, una plaza, una fiesta o un escenario. Ahora puede ser una ronda de “farmers” frente a cientos de personas y con una cámara de celular apuntando.
Cuando la convocatoria termina, los participantes se llevan algo más que una tarde de gritos y desafíos: videos para subir a las redes, selfies, nuevas referencias compartidas y la expectativa por la próxima reunión.
La batalla termina, pero el juego continúa en Instagram y TikTok. Porque, en la era de “farmear aura”, ser adolescente sigue significando, en buena medida, querer ser visto, pertenecer y animarse a ser elegido.
