El Gobierno pisa el acelerador para privatizar AySA, Metrogas y Transener con un único objetivo: juntar dólares para los acreedores mientras las tarifas se van a las nubes.
Se acabó la espera para los amigos del poder. El equipo económico activó una carrera frenética para rematar activos estratégicos y mostrarle «robustez» al FMI, aunque en el medio quedemos todos nosotros. La orden es clara: retirar al Estado de los servicios básicos para que las empresas privadas apliquen el «costo real», lo que en criollo significa vía libre para los aumentos que ya te están liquidando el sueldo.
El caso de AySA es para alquilar balcones. Quieren vender el 51% de la empresa y, como «regalito» para los compradores, ya les habilitaron el permiso para cortarte el agua si debés un mango. Mientras tanto, YPF se saca de encima Metrogas para poner toda la plata en Vaca Muerta, dejando la distribución del gas en manos del «círculo rojo» local que ya se está frotando las manos con la dolarización de las facturas que se viene.
¿Y qué pasa con la luz? Con Transener, el Estado abandona el control de la red de alta tensión para que los precios mayoristas los manejen los privados. Es decir, el Gobierno se corre de la gestión para que las empresas cierren contratos directos. Todo esto para juntar unos 2.000 millones de dólares que no van a ir a hospitales ni a escuelas, sino derechito a blindar los pagos de la deuda externa y dejar contentos a los bonistas.
La jugada es un efecto de choque para Wall Street, pero el impacto de choque lo sentís vos cada vez que te llega la boleta. Mientras el riesgo país sube y baja, la certeza es que el Estado se lava las manos y te deja solo frente a las corporaciones que vienen a hacer su negocio con tus necesidades básicas.
