11 mayo, 2026
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Karina Milei y Santiago Caputo se sacan los ojos mientras Comodoro Py y la fiscal Celsa Ramírez avanzan con imputaciones que podrían mandar presos a los referentes de las «fuerzas del cielo».

La interna libertaria dejó de ser un intercambio de likes para convertirse en una carnicería judicial que promete heridos de gravedad. Mientras la relación entre «El Jefe» y el asesor estrella está totalmente detonada, la justicia porteña apretó el acelerador contra el Gordo Dan y su banda de «Carajo», imputándolos por delitos que, lejos de ser una simple multa, huelen a celda y condena efectiva.

¿Libertad de expresión o matonismo digital? Esa es la cuestión que hoy tiene a Daniel Parisini y Nicolás Márquez contra las cuerdas. La fiscal Celsa Ramírez no se anda con chiquitas: pasó de la figura de «hostigamiento» a imputaciones pesadas como amenazas, incitación a la violencia y hasta imposición de ideas por el temor. Parece que a los «intocables» de las redes se les terminó el recreo y ahora van a tener que explicar sus posteos frente a un juez.

Lo más jugoso es el trasfondo: dentro del propio Gobierno dicen que esta embestida es una «estocada» que viene de las oficinas amigas. Mientras Lilia Lemoine les grita en la cara que «Twitter no es la vida real», el riñón de Karina Milei parece soltarle la mano a los tuiteros que responden a Santiago Caputo. La traición vuela por los pasillos de la Rosada y nadie sabe quién va a ser el próximo en desfilar por tribunales.

Como si fuera poco, Sebastián Pareja, el hombre fuerte de Karina en Provincia, también se cansó y mandó a investigar a once cuentas libertarias por amenazas contra su propia hija. La guerra es a cielo abierto y sin códigos. Los que antes se sacaban fotos juntos hoy se denuncian por WhatsApp y filtran deudas bancarias de fiscales en vivo. ¿Es una purga necesaria o el principio del fin de la mística digital que los llevó al poder?

La pelota ahora la tiene la Justicia, que deberá decidir si los insultos sistemáticos son parte del folclore de redes o delitos penales. Si avanzan contra los soldados de X, ¿quién le pone el cascabel al tuitero mayor que ocupa el sillón de Rivadavia? El debate arde y la interna quema.

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