11 mayo, 2026
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A pesar del discurso oficial sobre la «calma» cambiaria, el termómetro real de la economía argentina saltó a 586 puntos básicos y nos deja fuera del mundo.

El Gobierno sacó pecho hoy tras captar 700 millones de dólares en la licitación de Bonares, pero lo que no te cuentan es que el riesgo país escaló 100 puntos en los últimos tres meses. Estamos en medio de una alquimia financiera para patear vencimientos mientras Wall Street nos mira con desconfianza absoluta, subiendo la vara para cualquier crédito que el país necesite en el futuro.

La «suerte» de la Bolsa porteña hoy tuvo poco que ver con la gestión local y mucho con la guerra en Irán, que disparó el precio del petróleo y salvó a un Merval empetrolado de la caída que sufrieron los mercados del resto del planeta. Mientras el petróleo y los granos suben y calman al dólar blue, los bonos argentinos siguen por el piso, confirmando que la confianza de los inversores extranjeros está lejos de recuperarse.

En los bancos, la joda sigue para unos pocos: las tasas de los plazos fijos bajaron nuevamente al 20,8% anual para el ahorrista común, una cifra que ni se acerca a cubrir la inflación proyectada. Sin embargo, el stock de depósitos sigue subiendo, atrapando los pesos de la gente en un sistema que paga migajas mientras el Banco Central pierde reservas por 210 millones de dólares en una sola jornada.

El equipo económico repite que no le interesa ir a Nueva York a pedir fondos con este nivel de riesgo, pero la realidad es que no pueden entrar ni aunque quisieran. La brecha cambiaria parece controlada por ahora, pero la deuda sigue creciendo en papeles que vencen en 2028 y 2029, estirando una agonía que alguien va a tener que pagar más temprano que tarde.

¿Hasta cuándo se puede sostener este equilibrio precario basado en el precio internacional del crudo y el canje eterno de bonos? La recuperación que prometen algunos consultores choca de frente con un riesgo país que no para de subir y nos condena al aislamiento financiero.

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