Con Milei y todo el gabinete en los palcos, el jefe de ministros intenta surfear las denuncias por enriquecimiento ilícito en una sesión que promete ser un campo de batalla.
El Congreso de la Nación se transformó este miércoles en un búnker de resistencia libertaria. Manuel Adorni llegó para dar su informe de gestión escoltado por la plana mayor del Gobierno, en una maniobra clara para amedrentar a una oposición que tiene el colmillo afilado por los viajes a Aruba, los pagos en dólares y un patrimonio que creció un 500% en un año.
Mientras el funcionario saca pecho con el superávit y la baja de la inflación, en los pasillos de la Cámara Baja solo se habla de la causa judicial que lo tiene contra las cuerdas. El fiscal Pollicita y el juez Lijo ya le pisaron los talones con el levantamiento del secreto fiscal, investigando desde departamentos en Caballito hasta hipotecas con particulares que huelen a maniobra sospechosa.
La estrategia oficialista es tan transparente como agresiva: «bancar» al vocero estrella con una movilización de legisladores porteños y bonaerenses para que nadie se anime a preguntarle cómo hizo para comprar una casa en un country con sueldo de empleado público. Saben que están a una frase desafortunada de un escándalo mayor, pero apuestan a que el peronismo muerda el anzuelo y rompa el tono institucional.
Por su parte, los bloques opositores prepararon un cuestionario de más de 4.800 preguntas, aunque el Gobierno ya filtró más de la mitad para evitar responder lo incómodo. El temor en el recinto es que Adorni utilice cualquier cruce verbal para victimizarse y huir del recinto, tal como lo hicieron otros funcionarios en el pasado cuando las explicaciones sobre el dinero propio empezaron a escasear.
¿Podrá Adorni justificar su fortuna frente a los diputados o se refugiará en el apoyo de los palcos para esquivar el bulto? La sesión de hoy definirá si el Gobierno puede seguir hablando de transparencia mientras sus principales figuras no logran explicar cómo cierran sus propias cuentas bancarias.
