Mientras el desempleo golpea con fuerza en el Conurbano, el ministro Walter Correa comparó la crisis actual con el estallido de los noventa.
La realidad laboral en la provincia de Buenos Aires entró en una fase crítica que el propio oficialismo ya no puede ocultar. Según datos oficiales, casi el 35% de la población activa está buscando trabajo desesperadamente, mientras que las empresas ya no reducen jornadas, sino que bajan las persianas definitivamente. El Gobierno provincial reconoce que la economía de plataformas se convirtió en el único refugio para miles de familias que quedan a la deriva.
El paralelismo con la década del noventa es inevitable para quienes caminan las calles bonaerenses. Si antes el rebusque eran los remises o las canchas de pádel, hoy la supervivencia depende de comprar una moto para repartir comida. Con más de seis mil empresas cerradas en territorio provincial, la falta de una política industrial nacional acelera un proceso de precarización que parece no tener techo ni retorno inmediato.
En medio de este escenario desolador, la interna política parece una burla para el trabajador que prioriza cobrar su indemnización antes que resistir un despido. Los sectores metalúrgicos y lácteos están en caída libre, mientras la Legislatura mantiene frenados proyectos clave para aliviar la crisis. La pregunta es cuánto más puede aguantar un sistema donde el único «plan de empleo» efectivo es subirse a una bicicleta.
