11 mayo, 2026
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La Academia regaló el partido con un gol en contra de Di Césare y un blooper de Cambeses que terminó en expulsión. Ahora reza por un milagro ajeno para no quedar afuera en primera ronda.

Lo de Racing en Brasil no fue una derrota digna, fue un suicidio futbolístico. El equipo de Gustavo Costas cayó 2-1 ante Botafogo en un partido que tuvo todos los condimentos de una tragedia anunciada: fallas groseras en el fondo, un arquero que regaló el segundo gol y una expulsión infantil que dejó a Santiago Sosa atajando en el final.

El marcador lo abrió Marco Di Césare con un gol en contra que dio vergüenza ajena. Aunque «Maravilla» Martínez frotó la lámpara y puso el empate de cabeza para alimentar la ilusión, la defensa volvió a ser un flan. Facundo Cambeses calculó pésimo un avance de Danilo, le dejó el arco servido para el 2-1 y, para completar el combo del horror, se fue expulsado por una falta desesperada sobre el cierre.

Con este resultado, Racing quedó tercero en el Grupo E con apenas 4 puntos, lejos de los 10 de Botafogo y los 8 de Caracas. El panorama es oscuro: no solo tiene que ganar los dos partidos que le quedan, sino que necesita que los venezolanos no le ganen al líder en la última fecha. Una dependencia absoluta de terceros que castiga la falta de carácter de este plantel.

La autocrítica de los protagonistas después del partido fue durísima, pero el hincha ya no quiere palabras, quiere respuestas en la cancha. Racing camina por la cornisa de la eliminación y el ciclo de Costas recibe un golpe de nocaut que lo deja tambaleando justo antes de los cruces directos en el torneo local.

¿Alguien puede explicar a qué juega esta defensa? Los errores de «amateurs» en una copa internacional se pagan caro y Racing hoy está pagando la factura más alta de todas. La Sudamericana se escapa entre los dedos y el clima en Avellaneda está que arde.

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