El jefe del organismo sanitario internacional asegura que el brote en el buque no es una nueva pandemia mientras se monta un operativo de aislamiento extremo.
La sombra del coronavirus volvió a oscurecer el ánimo social tras confirmarse un brote de hantavirus en el crucero MV Hondius. El director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, tuvo que salir a dar la cara públicamente para frenar la paranoia colectiva, afirmando que el riesgo actual es bajo a pesar de que la enfermedad ya se cobró tres vidas en alta mar.
El operativo desplegado en España parece contradicir el mensaje de tranquilidad. El barco fue enviado al puerto industrial de Granadilla, una zona aislada y lejos de cualquier contacto humano, para evitar que la cepa Andes toque tierra firme. Si el riesgo es tan bajo como dicen, el despliegue de corredores sanitarios blindados genera más dudas que certezas en una población que todavía tiene los traumas del 2020 a flor de piel.
Las autoridades insisten en que no hay pasajeros con síntomas activos, pero el monitoreo es constante y riguroso. La decisión de repatriar a los viajeros bajo protocolos de guerra sanitaria se presenta como un acto de solidaridad, aunque para muchos vecinos de la zona se siente como una amenaza latente que llega desde el océano.
Tedros confirmó que viajará al lugar para supervisar las tareas personalmente, un movimiento que suele interpretarse más como una señal de alerta que como un simple gesto de apoyo. Mientras la OMS habla de «deber moral», la gente se pregunta si realmente están contando toda la verdad sobre la capacidad de contagio de este brote.
La situación queda bajo vigilancia internacional, con un ojo puesto en el puerto y otro en los informes médicos que determinan si este incidente es solo un susto o el comienzo de algo más complicado.
