Esta semana desfilan por Comodoro Py martilleros, contratistas y supuestos nexos para explicar cómo el Jefe de Gabinete compró tres propiedades y las reformó a puro lujo mientras vos no llegás a fin de mes.
El caso Adorni ya dejó de ser una sospecha para convertirse en un desfile judicial que promete sacar los trapitos al sol. Esta semana es fundamental: la Justicia Federal busca entender cómo un funcionario público y su mujer terminaron financiados por dos jubiladas que, según dicen, ni siquiera lo conocían. ¿A quién no le gustaría que una abuela desconocida le preste 200.000 dólares para comprarse un departamento en Caballito?
La ronda de declaraciones arrancó este lunes con los dueños de la inmobiliaria Rucci. Tienen que explicar los extraños movimientos de los boletos de compra-venta. Según la martillera Natalia Rucci, unos «muchachos» aparecieron, pusieron la plata y anotaron todo a nombre de sus mamás. Un mecanismo que para el fiscal Gerardo Pollicita huele a maniobra para ocultar al verdadero dueño de la billetera.
Pero el plato fuerte viene el miércoles y el viernes. Primero declara el supuesto «nexo» que unió a Adorni con las jubiladas hipotecarias. Después le toca al constructor que le dejó «pipí cucú» la casona en el country Indio Cuá, en Exaltación de la Cruz. La Justicia le pidió hasta los chats de WhatsApp para ver quién pagaba los materiales y si los números cierran con el sueldo de un ex vocero que se cansó de decir que «no hay plata».
Mientras la lupa judicial revisa presupuestos y facturas, la indignación crece en la calle. Adorni, el hombre que ajustó a medio país, ahora tiene que demostrar que su crecimiento patrimonial no es fruto de la magia o del enriquecimiento ilícito. El fiscal quiere saber si el valor real de lo que compró coincide con lo que declaró o si nos están tomando el pelo en la cara.
La función recién empieza y el lunes que viene cierra el vendedor de la mansión del country. ¿Será que Adorni es un genio de las finanzas personales o estamos ante el típico caso de «haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago»?
