Un informe de la UBA confirma que la falta de unidades llega al 40% por el precio del combustible y advierte que el boleto debería subir otro 16%.
Viajar por el Gran Buenos Aires se convirtió en una misión imposible y ahora los datos le dan la razón a los pasajeros que esperan horas en la parada. Según el Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA, la suba del gasoil detonó las frecuencias, provocando que circulen hasta un 40% menos de unidades en los recorridos que unen la Ciudad con el Conurbano, dejando a miles de laburantes a pie.
La crisis no afecta a todos por igual y ahí es donde estalla la bronca. Mientras que en las líneas que se mueven solo por Capital la baja fue de apenas un 5%, en el resto del AMBA la tijera pasó sin piedad. El informe detalla que el combustible ya superó los 2.100 pesos por litro, pero los subsidios se quedaron congelados con un precio viejo, lo que obligó a las empresas a recortar servicios para no quebrar.
Para que los colectivos vuelvan a pasar como antes, el Estado tendría que poner 17.500 millones de pesos extra por mes, una cifra que parece imposible en tiempos de ajuste. La otra opción es la que nadie quiere escuchar: que el usuario pague el pato. Si no hay más subsidios, el boleto tendría que aumentar un 16% adicional a los tarifazos que ya están programados para Buenos Aires.
El panorama es desolador porque no es solo el combustible. La flota de colectivos viene en picada desde hace años y hoy es un 12% inferior a la que había antes de la pandemia. Con coches más viejos y menos nafta, el sistema de transporte porteño y bonaerense entró en una zona de colapso que nadie sabe cómo frenar mientras los pasajeros siguen amontonados en los andenes.
La pelota está entre el Gobierno y las petroleras, pero el que llega tarde al trabajo siempre es el mismo. ¿Hasta cuándo se va a poder estirar un servicio que ya funciona a media máquina antes de que el boleto se vuelva impagable?
