Mientras el país arde, los mismos de siempre se encierran en La Rural para debatir sobre el poder y la inteligencia artificial entre copas de vino.
La Feria del Libro llega a su fin este domingo con una agenda que huele más a reunión de consorcio de la élite intelectual que a una fiesta popular. En un clima de tensión social permanente, figuras que viven de la pauta y el análisis de laboratorio, como Andrés Malamud y Ernesto Tenembaum, se preparan para explicarle a la sociedad por qué el país funciona como funciona, desde la comodidad de un pabellón con aire acondicionado.
El programa incluye debates sobre si la inteligencia artificial nos va a quitar el alma, encabezados por los mediáticos Darío Sztajnszrajber y Lucía Puenzo. ¿Realmente al vecino que no llega a fin de mes le importa la «subjetividad post-IA» o es simplemente otra forma de los intelectuales de Palermo para no mirar lo que pasa en la calle? La desconexión con la realidad de la Provincia es, cuanto menos, irritante.
No falta la cuota de la «progresía» de siempre con Claudia Piñeiro y Dolores Reyes hablando de sus éxitos editoriales, mientras el precio de un libro nuevo ya equivale a varios días de comida para una familia trabajadora. La conmemoración de los 50 años de la Feria parece más un homenaje a la nostalgia de un sector que se resiste a ver cómo el evento se volvió prohibitivo para el ciudadano común.
Para coronar la jornada, la política «en clave contemporánea» se adueña del cierre con la presentación de Operación Argentina. Una vez más, los que analizan el poder se juntan con los que lo ejercen o lo difunden para decirnos qué pensar, mientras las librerías de barrio cierran porque ya nadie puede pagar el papel. ¿Es una feria de cultura o un club de beneficios para amigos del sistema?
La Feria del Libro se despide este 2026 dejando un sabor amargo. Entre charlas de «relatos bíblicos» coordinadas por Luis Novaresio y brindis por el pasado, queda claro que para muchos, la cultura es un privilegio que se mira de afuera.
