17 junio, 2026
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El presidente Stefano Di Carlo blanqueó una reestructuración brutal que incluye el descarte de casi medio plantel para el segundo semestre. La compleja transición post-Gallardo y el doloroso golpe ante Belgrano en la final forzaron una sangría donde la dirigencia admitió que asumirá pérdidas económicas con tal de licuar un vestuario insostenible.

El fútbol profesional de alta competencia no perdona los proyectos improvisados ni los planteles hipertrofiados. En una declaración que sacudió los cimientos del Monumental, el presidente de River Plate, Stefano Di Carlo, sinceró el descalabro de la planificación deportiva reciente y anunció una depuración sin precedentes: alrededor de 15 futbolistas serán eyectados del club antes del inicio del segundo semestre.

La medida es la consecuencia directa de una crisis interna que se fagocitó el orden institucional tras la salida de Marcelo Gallardo, profundizada por el reciente impacto de perder la final del Torneo Apertura ante Belgrano de Córdoba. Ante este escenario, la mesa de decisiones de Núñez optó por el camino más drástico, exponiendo un crudo diagnóstico sobre las finanzas y el rendimiento del equipo.

“Van a salir en torno a 15 jugadores, hemos decidido eso conjuntamente entre todos. Venderemos peor de lo que compramos y asumiremos una pérdida, pero cortaremos una situación que no es sostenible”, disparó Di Carlo sin filtros en diálogo con ESPN, asumiendo el fracaso de las inversiones previas.

La lista del descarte: quiénes caminan por la cuerda floja

El desarmado del plantel no afectará únicamente a juveniles sin rodaje; involucra a contratos millonarios, apuestas fallidas y figuras de peso que pasaron de soluciones a un lastre presupuestario que la actual conducción técnica necesita extirpar. Los nombres apuntados para la salida configuran un mapa de desvalorización patrimonial:

  • En el arco y la defensa: Ezequiel Centurión, Paulo Díaz, Germán Pezzella y Fabricio Bustos.
  • En el mediocampo: Lautaro Rivero, Kevin Castaño, Matías Galarza, Maximiliano Meza y Giuliano Galoppo.
  • Juveniles y extremos: Santiago Lencina e Ian Subiabre.
  • En el frente de ataque: Maximiliano Salas, Juanfer Quintero, Kendry Páez, Sebastián Driussi o Facundo Colidio.

Cada situación encierra su propia trama de cortocircuitos contractuales. El colombiano Juanfer Quintero retiene el beneficio político de decidir su propio destino tras la disputa de la Copa del Mundo, marcando una distancia prudencial con las urgencias del club. Distinto es el caso del juvenil ecuatoriano Kendry Páez: su permanencia quedó sujeta a la voluntad del Chelsea de Inglaterra, dueño de su ficha, que evalúa interrumpir la cesión tras constatar que el caótico contexto de River no brinda las garantías necesarias para su evolución futbolística.

En la delantera, el desmanejo se traduce en la necesidad de generar caja a cualquier costo. Futbolistas de la cotización de Sebastián Driussi o Facundo Colidio quedaron degradados a la categoría de monedas de cambio para financiar los próximos movimientos de un mercado de pases que promete ser tan agresivo como desordenado.

Refuerzos de renombre para maquillar la sangría

Para contener el descontento de una masa societaria golpeada por los malos resultados, la dirigencia activó la clásica receta de anunciar apellidos de elite. Con la confirmación de Nicolás Otamendi para el post-Mundial, el club busca tapar el agujero de una reestructuración forzada. Mientras los rumores apuntan a las complejas gestiones por Giovanni Simeone y Thiago Almada para disputar la Copa Sudamericana, la realidad subyacente es ineludible: para traer cuatro o cinco nombres de jerarquía, River primero debe rematar el saldo de sus propios errores de gestión.

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