27 septiembre, 2026
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El Presidente llevará el reclamo por la soberanía de las islas al centro de su próximo discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas. Junto a Pablo Quirno y Santiago Caputo, prepara una estrategia que combina presión diplomática, sanciones contra empresas y acciones judiciales.

El Gobierno prepara una nueva etapa de su estrategia sobre las Islas Malvinas y el presidente Javier Milei decidió llevar el reclamo por la soberanía al centro de su próxima intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, después del 22 de septiembre.

El mandatario trabaja junto al canciller Pablo Quirno en una presentación de fuerte tono político frente al Reino Unido. Será la primera vez desde su llegada a la Casa Rosada que Milei colocará la cuestión Malvinas como uno de los principales ejes de un discurso internacional.

La presentación ante la ONU será, además, la segunda gran exposición pública del Presidente sobre el tema después de la cadena nacional del jueves pasado, cuando anunció un endurecimiento de la estrategia argentina luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dejara abierta la posibilidad de revisar su respaldo a Londres.

En aquella oportunidad, Milei también comunicó una profundización de las sanciones contra las empresas que participan de la explotación de hidrocarburos en las islas. La medida apunta especialmente al proyecto Sea Lion, impulsado por las petroleras Navitas, de Israel, y Rockhopper, del Reino Unido, además de sus proveedores, directivos y accionistas.

Qué planteará Milei ante Naciones Unidas

Según fuentes diplomáticas citadas en la información, el discurso que prepara Milei tendrá dos ejes principales.

El primero estará concentrado en el reclamo histórico a Londres para que se retomen las negociaciones por la soberanía de las Malvinas, en línea con la resolución 2065 de 1965 del Comité de Descolonización de Naciones Unidas.

El segundo estará vinculado con la ofensiva contra las compañías que exploten recursos naturales e hidrocarburíferos en las aguas argentinas de las islas. El Gobierno ratificará las denuncias judiciales y las sanciones ya anunciadas y anticipará una profundización de las medidas.

La ofensiva podría alcanzar también a empresas pesqueras, además de proveedores, directivos, accionistas y otras personas que estén relacionadas con actividades consideradas violatorias de la soberanía argentina.

El borrador técnico del discurso estará a cargo del representante permanente de la Argentina ante la ONU, Francisco Fabián Tropepi, y del cónsul general argentino en Nueva York, Gerardo Abel Díaz Bartolomé.

La definición política de la presentación, en tanto, contará con una participación decisiva de Santiago Caputo, quien vuelve a ocupar un lugar central en la construcción de la narrativa presidencial.

Ese movimiento supone también un cambio respecto del papel que venía desempeñando Santiago Oría, el cineasta oficial que no terminó de consolidarse como estratega discursivo del Gobierno.

La elección de Tropepi y Díaz Bartolomé también genera comentarios dentro de la Cancillería y la Casa Rosada debido a sus anteriores vínculos políticos con sectores del peronismo, el kirchnerismo y el massismo. Para algunos funcionarios libertarios, esto entra en tensión con el discurso de ruptura que el Gobierno mantiene frente al kirchnerismo y con la apropiación de la agenda Malvinas por parte del oficialismo.

“Uno de los dos hacia los discursos malvineros de Cristina Kirchner en la ONU”, señalaron fuentes de Cancillería.

La cuestión Malvinas también genera una interna política

La decisión de convertir a Malvinas en uno de los principales ejes del discurso presidencial no responde solamente a una estrategia diplomática. Dentro del Gobierno también le asignan una dimensión política.

Según las fuentes citadas, Santiago Caputo convenció a Milei de que el reclamo por las islas puede servir para recuperar iniciativa política y desplazar momentáneamente la atención de los problemas vinculados con la economía real, la industria, la construcción, el consumo y el endeudamiento de las familias.

Milei habría incorporado esa mirada y considera que Malvinas puede permitirle recuperar centralidad en un momento en que la agenda económica dejó de ofrecerle el margen político que esperaba.

En ese contexto, la inflación de agosto, que se ubicó en 1,7%, representó una mejora frente a los meses anteriores, aunque permanece alejada del objetivo de llegar al “cero por ciento” que el Presidente planteó en reiteradas oportunidades.

El conflicto con Chile y el Estrecho de Magallanes

En medio de la nueva estrategia sobre Malvinas apareció también un cortocircuito diplomático con Chile.

Según fuentes diplomáticas trasandinas, el canciller Quirno le pidió al embajador chileno en la Argentina, Gonzalo Uriarte Herrera, que solicitara a la presidenta del Senado de Chile, Paulina Andrea Núñez Urrutia, que no mantuviera reuniones con senadores argentinos durante su visita a Buenos Aires.

El conflicto bilateral se habría profundizado después de la reunión que Milei mantuvo con su par chileno José Antonio Kast en Chile, antes de la cadena nacional. En aquella oportunidad, el mandatario chileno le había prometido respaldo a la Argentina.

Sin embargo, después del regreso de Milei, Chile informó la apertura de una ruta marítima entre Punta Arenas y las Islas Malvinas, destinada a abastecer a las islas y a las empresas petroleras alcanzadas por las sanciones argentinas.

“Esto generó mucha bronca en el equipo de Milei y está todo mal con Kast”, señalaron fuentes argentinas.

A esto se sumaron las declaraciones del diputado chileno Javier Olivares Avendaño, presidente de la Comisión de Control del Sistema de Inteligencia del Estado y miembro del Partido de la Gente, quien sostuvo que las Malvinas son británicas y que el Estrecho de Magallanes pertenece a Chile.

La situación abrió la posibilidad de que vuelva a discutirse la navegación de embarcaciones de cualquier bandera que partan desde Punta Arenas, atraviesen aguas argentinas y tengan como destino instalaciones o actividades vinculadas con la explotación de recursos en las islas.

Hasta ahora, en sus intervenciones ante Naciones Unidas, Milei había ubicado la cuestión Malvinas en un lugar secundario y había priorizado asuntos económicos y aspectos relacionados con la denominada “batalla cultural”. La próxima presentación, en cambio, tendrá un perfil mucho más político.

Las tensiones dentro del Gobierno por la estrategia sobre las islas

El nuevo giro también provocó movimientos dentro de la estructura del Gobierno.

En la Casa Rosada se produjo un nuevo acercamiento entre Milei y Santiago Caputo, quien volvió a tener un papel relevante en la elaboración de la narrativa presidencial.

“Santiago está muy cerca de Milei ahora y eso pone nerviosa a Karina”, señalaron fuentes oficiales.

Esa cercanía también generó malestar entre sectores vinculados a Karina Milei, particularmente dentro del entorno de Martín Menem y Eduardo Lule Menem, además de generar tensiones en la Cancillería, donde Quirno habría quedado parcialmente desplazado de la ingeniería política que desembocó en el nuevo giro sobre Malvinas.

Otro protagonista de esta disputa interna es el embajador argentino en Estados Unidos, Alejandro Oxenford.

De acuerdo con fuentes oficiales, Oxenford mantuvo conversaciones directas con Milei y Caputo y participó de la articulación política con sectores conservadores estadounidenses y con la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC). Estas gestiones no habrían pasado por el Departamento de Estado ni por la Cancillería.

La situación generó tensión porque Quirno venía impulsando una estrategia diferente, basada en mantener una relación relativamente estable con Londres, profundizar los vínculos comerciales y avanzar con la denominada Argentina Week, una semana prevista en la embajada argentina en Londres para promover acuerdos comerciales, negocios e inversiones británicas en el país.

Ese proyecto quedó desactivado a raíz de la tensión con el Reino Unido y el Gobierno confirmó que Milei tampoco realizará el viaje a Londres previsto para fines de octubre.

El Gobierno espera una nueva señal de Donald Trump

La posición de Estados Unidos ocupa un lugar central en la estrategia argentina.

El primer ministro británico, Andy Burnham, afirmó que defenderá de manera “implacable” la soberanía británica sobre las Malvinas. Mientras tanto, Milei y Quirno buscan obtener de Donald Trump una señal que confirme el respaldo estadounidense a la posición argentina.

La preocupación dentro del Gobierno surgió después del encuentro entre Trump y Burnham, en el que no hubo referencias públicas a Malvinas, pese a las declaraciones previas del mandatario estadounidense que habían sido interpretadas en Buenos Aires como una señal favorable.

Según la información, Trump había utilizado esa posición para presionar al Reino Unido en relación con otros asuntos estratégicos, entre ellos la guerra con Irán y el financiamiento de la OTAN.

Ahora, Milei necesita determinar si el respaldo de Washington continuará vigente o si perdió fuerza frente a otros entendimientos entre Trump y Burnham.

En ese escenario, Oxenford recibió el encargo político de intentar obtener una señal favorable en Washington, mientras que desde Londres se busca reconstruir qué se discutió realmente entre los mandatarios estadounidense y británico.

La situación también genera expectativa por la posición de Israel, debido a que Navitas Petroleum, una de las empresas involucradas en el proyecto Sea Lion, es de origen israelí. El ministro de Seguridad israelí, Itamar Ben-Gvir, pidió al primer ministro Benjamin Netanyahu que respaldara a la Argentina, aunque hasta el momento no hubo una definición en ese sentido.

La ofensiva judicial contra las empresas petroleras

La estrategia del Gobierno también se trasladó al ámbito judicial.

La Casa Rosada anunció nuevas denuncias penales contra empresas que desarrollan actividades hidrocarburíferas sobre la plataforma continental argentina en violación de las restricciones establecidas por la Ley 26.659.

Las presentaciones no estarán dirigidas únicamente contra las compañías. El Ejecutivo anticipó que también alcanzarán a directores, gerentes, administradores, representantes y otras personas que hayan intervenido en las decisiones relacionadas con esas operaciones.

El foco principal está puesto en el proyecto Sea Lion, encabezado por la británica Rockhopper y la israelí Navitas Petroleum.

Además, el Gobierno analiza ampliar la legislación para incluir actividades vinculadas con la pesca. El proyecto sería enviado al Congreso y modificaría una norma sancionada durante la administración de Cristina Kirchner.

En paralelo, la Justicia Federal de Río Grande se declaró competente para intervenir en una acción preventiva por daño ambiental colectivo contra Rockhopper y Navitas y reconoció la jurisdicción internacional de la Justicia argentina.

La jueza federal Mariel Borruto habilitó así el avance de una causa que busca impedir obras y operaciones financieras vinculadas con Sea Lion.

De esta manera, la disputa por Malvinas comienza a desarrollarse en tres escenarios simultáneos: la diplomacia, la política internacional y los tribunales.

Caputo, Quirno y Amerio, con estrategias diferentes

La ofensiva sobre Malvinas también abrió otro frente dentro del Gobierno entre Santiago Caputo y Sebastián Amerio, procurador del Tesoro.

Amerio participa de la estrategia jurídica destinada a avanzar contra empresas británicas, israelíes y de otras nacionalidades que intervengan en actividades vinculadas con la explotación de recursos naturales en las islas.

Mientras Quirno intenta sostener una estrategia diplomática con Londres, Amerio avanza desde el frente judicial y Caputo concentra la estrategia política y comunicacional.

La cuestión Malvinas, por lo tanto, se convirtió en un nuevo espacio de disputa entre distintas áreas del Gobierno, con enfoques diferentes sobre cómo avanzar frente al Reino Unido y las empresas que operan en las islas.

La crisis económica también impacta en la interna oficialista

La ofensiva por Malvinas no es el único frente que genera tensiones dentro de la administración de Milei.

La situación de la economía real también provocó un conflicto alrededor de la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, quien, según fuentes del entorno presidencial, estuvo cerca de abandonar el Gobierno luego de resistirse a una propuesta del ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo.

La iniciativa contemplaba utilizar recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSES para financiar 18.000 créditos hipotecarios, una medida anunciada por el ministro dos semanas atrás.

El objetivo era generar una noticia económica positiva y producir un impacto frente a la caída de la actividad.

La propuesta generó intensas discusiones dentro del entorno presidencial. Pettovello se habría opuesto porque consideraba que el uso de esos fondos podía derivar en futuros problemas judiciales. El FGS depende de la ANSES y, por esa razón, se encuentra bajo la órbita de Capital Humano.

Milei habría evaluado inicialmente desplazar a la ministra y hasta habría considerado a Federico Sturzenegger como posible reemplazante.

Sin embargo, según la versión interna, Santiago Caputo intervino y consiguió que el Presidente diera marcha atrás.

De esta manera, el mismo funcionario que volvió a ganar protagonismo en la definición de la estrategia política alrededor de Malvinas también habría intervenido para evitar la salida de una de las ministras más cercanas al Presidente.

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