Un adolescente de 14 años casi muere asfixiado tras ingerir un metal oculto en su merienda. El escándalo estalló por la desidia en un centro de salud que lo mandó a su casa «por el susto».
Lo que iba a ser una merienda tranquila en una casa de Mar del Plata se transformó en una película de terror. Un pibe de 14 años estaba tomando el té con galletitas de agua cuando empezó a escupir sangre y a quedarse sin aire. El diagnóstico final fue para no creer: tenía un alambre fino clavado en la garganta que venía adentro del alimento. ¡Una locura total!
Pero lo que realmente indigna es el «paseo» que tuvo que hacer la madre. Primero fue al CAPS de Alto Camet y ahí se encontró con la peor cara del sistema de salud bonaerense. Una médica, con una frialdad total, le dijo que no veía nada y que «seguro era el susto». ¡El pibe escupía sangre y lo mandaron a ver a un pediatra porque ella solo atendía adultos! ¿Para qué están si no pueden atender una urgencia?
Desesperada, la mujer tuvo que volar al Hospital Materno Infantil esquivando autos porque el hijo ya no respiraba. Recién ahí, después de placas e imágenes, los médicos se dieron cuenta de que el «susto» era en realidad un metal incrustado en las vías respiratorias. Entró directo a quirófano para que le salvaran la vida.
Hoy el chico está de alta, pero la pregunta queda flotando en el aire. ¿Quién controla lo que comemos? ¿Cómo llega un alambre a una galletita de agua de paquete? Y lo más grave: ¿Hasta cuándo vamos a seguir aguantando médicos que te miran de reojo mientras tu hijo se desangra?
La familia ya está en casa, pero el trauma no se lo saca nadie. Una merienda que casi termina en tragedia por la falta de controles y la negligencia de los que nos tienen que cuidar.
