A días del Mundial oficial arranca la Eurocopa de la ConIFA, la entidad que le da juego a naciones olvidadas y minorías que no entran en el negocio del marketing.
Mientras el mundo se prepara para ver a las figuras millonarias de siempre en el Mundial de la FIFA, en las sombras emerge un torneo que rompe con todas las reglas establecidas. La ConIFA, una federación paralela que nuclea a selecciones ninguneadas por Gianni Infantino, pondrá en marcha su propia Eurocopa el próximo 1 de junio en Italia, demostrando que el fútbol no le pertenece solo a los que tienen la billetera gorda.
Este certamen, que se disputa en la región de Lombardía, es un cachetazo a la exclusividad de Zurich. Participan equipos como Groenlandia, que tiene 20 mil habitantes y fue rebotada por la Concacaf, o la República Turca del Norte de Chipre, un país que para casi todo el mapa no existe. Son los «nadie» del deporte, jugando por la gloria pura y el orgullo de su identidad.
La movida no es solo europea; la ConIFA tiene sus raíces clavadas en todos los continentes, incluyendo una Selección de Fútbol Armenio Argentina y el Pueblo Aymara. Es una red global de refugiados, minorías étnicas y provincias rebeldes como Padania o Provenza que se cansaron de esperar un permiso oficial para patear una pelota representando a sus raíces.
La gran pregunta es por qué estos equipos no tienen lugar en la fiesta grande. Mientras la FIFA se llena los bolsillos con sponsors mundiales, este mundial paralelo se organiza a pulmón, sin figuras de Instagram pero con una pasión que el fútbol moderno parece haber olvidado. Acá no importan los derechos de televisión, importa que el Tíbet o Kurdistán tengan once jugadores en cancha.
Este torneo es el refugio de los que no tienen voz. Hay selecciones de exiliados palestinos y de regiones suspendidas por guerras que la televisión oficial prefiere no mostrar. Es el fútbol real, el que no necesita de estadios lujosos construidos sobre la polémica para demostrar que la identidad de un pueblo no se negocia con un sello de goma en Suiza.
La final será el 7 de junio, apenas tres días antes del inicio del show oficial de la FIFA. El mundo del fútbol está dividido: de un lado, el negocio multimillonario de las potencias; del otro, la resistencia de quienes juegan por el simple derecho de existir ante los ojos del planeta.
