11 mayo, 2026
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Un informe demoledor nos ubica en el fondo del ranking mundial mientras los argentinos siguen financiando vacaciones afuera con los dólares que faltan acá.

Argentina es un papelón internacional en materia turística y los datos oficiales acaban de confirmar lo que muchos sospechaban: el sector es un agujero negro que succiona divisas sin parar. Mientras países vecinos como Uruguay o potencias como España viven de sus visitantes, nosotros ocupamos el puesto 110 de 125 naciones, demostrando que toda la propaganda oficial sobre el «éxito» de la industria es puro humo para la tribuna.

Lo que verdaderamente indigna es el déficit crónico de la balanza comercial. En 43 de los últimos 50 años, perdimos plata. No es una racha de mala suerte, es una falla estructural de un país que se volvió carísimo para el mundo pero que incentiva a los que pueden a quemar sus ahorros en el exterior. En los últimos años, el rojo promedio fue de 3.000 millones de dólares anuales; una cifra que podría haber ido a infraestructura o salarios, pero terminó en shoppings de Miami o playas del Caribe.

El ranking de saldo turístico nos pone en el puesto 150 sobre 186 países. Estamos en el fondo de la tabla, compartiendo el podio de los ineficientes con economías que ni siquiera tienen la mitad de nuestros paisajes. El turismo apenas representa el 1,7% del PBI directo, una miseria comparado con el 11,8% de Croacia o el 9,1% de Portugal. ¿Cómo puede ser que con cataratas, glaciares y montañas sigamos siendo irrelevantes para el mercado global?

La realidad es que el turismo emisivo se devora el 9% de todas las importaciones del país. Gastamos más en viajes afuera que en insumos críticos para la producción nacional. Es una economía bipolar: por un lado, se pide esfuerzo al laburante, y por otro, se permite una fuga constante de divisas por vía turística que beneficia a los centros emisores de lujo pero deja las arcas del Banco Central vacías.

¿Hasta cuándo vamos a seguir festejando «récords» de cabotaje mientras el mundo nos ignora y nosotros seguimos regalando los dólares que el país necesita para no explotar?

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