Mientras la provincia ajusta el cinturón, el Instituto Cultural desembarca en el Gran Plaza Teatro con una megaproducción de Tchaikovsky y Minkus.
El Ballet del Sur enciende las luces del escenario para su temporada 2026 y, como era de esperarse, el debate sobre el uso de los recursos culturales ya está en la calle. Del 14 al 17 de mayo, los Organismos Artísticos del Sur pondrán en escena piezas de lujo que requieren un despliegue técnico y de vestuario impresionante, financiado íntegramente por el estado bonaerense en un contexto donde cada peso cuenta.
La función, dirigida por Sol Augeri, presentará «Paquita Suite» y «Bodas de Aurora». Son obras que exigen perfección, tutús impecables y una utilería de primer nivel. Pero detrás del brillo de las zapatillas de punta, muchos se preguntan si este es el momento para semejante gasto en producciones que, para algunos, solo llegan a un sector selecto de la población.
El Gran Plaza Teatro será el epicentro de este despliegue que incluye a todo el personal de peluquería, producción y escenografía de los organismos oficiales. Aunque hay descuentos para jubilados y estudiantes, las entradas ya generan ruido en las redes: ¿está bien que la Provincia siga bancando estos espectáculos tradicionales o debería volcar ese presupuesto a lo que realmente pasa en los barrios más castigados?
Los defensores del arte clásico aseguran que la cultura no es un gasto sino una inversión, pero el ciudadano que no llega a fin de mes mira con otros ojos el «refinamiento» y el «virtuosismo» de Tchaikovsky. La cartelera de Alsina 170 promete ser un éxito de taquilla, pero el costo político de mantener estas estructuras artísticas gigantescas sigue siendo una espina clavada en la gestión de Kicillof.
Las funciones arrancan el jueves a las 20:00 y la preventa online ya está activa. Queda por ver si el teatro se llena de aplausos o si la indignación por el gasto público termina empañando el telón. ¿Es hora de que el ballet se autofinancie o el estado tiene que seguir pagando la fiesta cultural?
