Las hijas del diez iniciaron una demanda millonaria contra la magistrada destituida, mientras la funcionaria se atornilla al cargo y exige seguir cobrando del Estado.
El escándalo en los tribunales bonaerenses no tiene techo y ahora suma un capítulo de furia hereditaria. Dalma y Gianinna Maradona decidieron que la destitución por unanimidad de Julieta Makintach no es suficiente castigo y le clavaron una demanda civil por 300 millones de pesos, cansadas de los manejos que rodearon la causa de su padre.
Mientras las herederas buscan justicia por el daño causado, la exjueza protagoniza un papelón jurídico de proporciones. No solo intentó frenar la demanda de las Maradona con un escrito que tenía firmas «copiadas y pegadas» —un error que cualquier estudiante de derecho evitaría—, sino que ahora pretende que todos los ciudadanos le sigamos pagando el sueldo a pesar de haber sido echada de su puesto.
La desfachatez de Makintach parece no tener límites en la provincia. La mujer que fue eyectada de la justicia por aparecer en un documental en lugar de trabajar, ahora le llora a la Suprema Corte alegando «indefensión» y reclamando su salario como «carácter alimentario». Encima, se resiste a devolver 4,5 millones de pesos que, según la auditoría, cobró de forma totalmente ilegítima.
Es la foto perfecta de la justicia en Buenos Aires: una funcionaria acusada de cohecho, malversación y abuso de autoridad que, lejos de llamarse a silencio, redobla la apuesta contra el Estado y contra la familia del máximo ídolo popular. La batalla recién empieza y promete salpicar a más de un despacho en La Plata.
¿Hasta cuándo vamos a mantener a jueces que son echados por deshonrosos pero quieren seguir viviendo de la teta del Estado? El «clan Maradona» ya avisó que no va a parar hasta que la exmagistrada pague cada centavo del daño que, aseguran, les provocó su gestión.
