La expareja del Diez apareció por primera vez en la audiencia para marcarle la cancha a Leopoldo Luque mientras el tribunal estalla por las demoras procesales.
El circo judicial por la muerte de Diego Maradona sumó un capítulo de alta tensión con la presencia de Claudia Villafañe en la sala, quien decidió dejar el silencio de lado para fiscalizar de cerca las declaraciones de los médicos. Mientras la querella intenta acorralar a los imputados, el juez Alberto Ortolani lanzó una advertencia lapidaria sobre la lentitud de un proceso que parece diseñado para agotarse en el tiempo.
La llegada de Villafañe no es casualidad: buscó apuntalar el testimonio de Mario Schiter, el médico que trató a Diego en Cuba y que ya sentenció que la internación domiciliaria fue un error fatal. Para el entorno íntimo, la figura de Schiter es la llave para demostrar que lo que sucedió en Tigre no fue un accidente sino una negligencia grosera.
Del otro lado, Leopoldo Luque juega su propia partida de ajedrez y se sentó a declarar por sexta vez, una cifra que irrita a los magistrados por la evidente intención de dilatar el veredicto. Con solo 17 testigos escuchados de un total de 97, la paciencia en los tribunales de San Isidro se terminó y el magistrado exigió a las partes que recorten sus listas para evitar que la causa termine en el olvido.
La tensión entre los abogados defensores y la fiscalía es total, especialmente tras la decisión del tribunal de validar testimonios viejos para agilizar el trámite, una movida que la defensa de Luque intentó bloquear sin éxito. El fantasma de la anulación del juicio anterior sobrevuela la sala mientras el tiempo pasa y la sensación de impunidad crece entre quienes exigen justicia.
El juicio cumple un mes de idas y vueltas con más estrategias de abogados que certezas sobre la verdad, dejando en claro que la batalla por la memoria de Maradona está lejos de resolverse en el corto plazo.
