Tras el fracaso del quórum, los bloques opositores reprogramaron la sesión para mayo con el objetivo de acorralar a los ministros más cercanos al Presidente.
La Cámara de Diputados se convirtió en un campo de batalla donde la estrategia de desgaste le ganó a la urgencia. Los bloques opositores decidieron postergar la sesión especial prevista para esta semana, estirando la agonía del oficialismo hasta el 20 de mayo, cuando intentarán sentar en el banquillo a las figuras más fuertes del gabinete nacional.
La jugada es clara: aprovechar el envión de la marcha universitaria para abroquelar a los sectores díscolos y asegurar el quórum que hoy no tienen. No se conforman con Manuel Adorni; ahora la mira está puesta sobre Luis Caputo y Sandra Pettovello, a quienes exigen explicaciones directas sobre el recorte de fondos y la crisis en el financiamiento educativo.
El temario se cargó de pólvora política al incluir sospechas sobre el patrimonio del Jefe de Gabinete y el manejo de los bienes del Estado. Mientras el Gobierno intenta mostrar orden, la oposición le responde con un pliego de condiciones que incluye desde la restitución de medicamentos gratuitos en PAMI hasta cambios profundos en las licencias laborales.
Esta maniobra busca exponer la debilidad parlamentaria de La Libertad Avanza en un momento de alta sensibilidad social. La incorporación de programas sensibles como el Remediar y la situación de los jubilados funciona como el anzuelo perfecto para obligar a los diputados aliados a elegir entre el ajuste fiscal o el costo político frente a sus votantes.
El Congreso queda así en estado de alerta máxima hasta finales de mayo, en lo que promete ser una jornada de alta tensión y acusaciones cruzadas. Si la oposición logra el número, el Gobierno enfrentará su primer gran examen de gestión bajo el fuego directo del recinto.
