17 junio, 2026
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El Indec marcó una inflación del 2,6% en abril, pero la realidad en la calle golpea con aumentos del 4,4% en boletos y tarifas que no dan tregua.

La gestión de Javier Milei salió a sacar pecho con un número que parece de otro país, pero a cualquier laburante que se toma el colectivo o paga la luz en el AMBA la cuenta no le cierra por ningún lado. Aunque el organismo oficial dice que los precios frenaron la escalada de diez meses, el rubro transporte subió casi el doble que el promedio general, demostrando que moverse para trabajar es cada vez más un lujo que pocos pueden costear.

El ministro Luis Caputo celebra que los alimentos subieron «apenas» un 1,5%, apoyándose en bajas puntuales como el tomate o el limón, pero se olvida de mencionar que la educación y las comunicaciones volaron por encima del 4%. Mientras el oficialismo habla de «normalidad» y de un sendero decreciente, en las góndolas la sensación es de un estancamiento que no alivia la malaria acumulada en lo que va del año.

La interna de los economistas ya empezó a agitar las aguas, advirtiendo que esta supuesta calma es frágil y depende de «anclas» que en cualquier momento pueden soltarse. Expertos de consultoras privadas aseguran que la inercia sigue viva y que el festejo oficialista podría ser más un deseo que una realidad estructural, especialmente con los servicios públicos empujando el índice hacia arriba sistemáticamente.

Lo que nadie está diciendo es que, a pesar del 2,6%, la inflación interanual supera el 32% y el acumulado del año ya se comió gran parte del poder adquisitivo. El gobierno nacional se aferra a la estadística para ganar tiempo, pero la presión de las tarifas reguladas amenaza con dinamitar cualquier intento de estabilidad en los meses que vienen.

¿Es este un respiro real o solo nos están preparando para el próximo tarifazo? La brecha entre lo que dice el índice y lo que se siente en la billetera al llegar a fin de mes es cada vez más grande. El debate está abierto: mientras algunos ven una luz al final del túnel, otros están convencidos de que nos están vendiendo espejitos de colores.

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