17 junio, 2026
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La burocracia estatal y las terminales que no funcionan complican el acceso al subsidio educativo mientras viajar es cada vez más caro.

La paciencia de las familias bonaerenses llegó al límite. Conseguir el beneficio del boleto estudiantil se convirtió en una carrera de obstáculos donde el sistema falla, las cargas no aparecen y la validación en las terminales automáticas es una lotería. El gobierno provincial y la gestión porteña tiran la pelota afuera pidiendo formularios y correos electrónicos, mientras los pibes tienen que pagar el pasaje completo para no perder el día de clase.

Lo que nadie dice es que los errores del sistema parecen una excusa perfecta para ahorrar en subsidios. Si la tarjeta se rompe o te la roban, el trámite de recuperación es un dolor de cabeza que obliga a los padres a perder horas de trabajo. Las famosas «inconsistencias en la base de datos» entre las escuelas y el transporte son el argumento de siempre para dar de baja beneficios de un plumazo y sin aviso previo.

En el nivel universitario la situación es todavía más indignante. La justicia de los números exige un cupo de materias aprobadas para viajar, como si el derecho a estudiar dependiera de un promedio. Si el sistema te excluye por error, tenés que peregrinar por las secretarías de bienestar estudiantil antes de que algún funcionario se digne a mirar tu caso, mientras el saldo de la SUBE desaparece en dos viajes.

Es hora de que los responsables dejen de pedir paciencia y arreglen las plataformas digitales que funcionan cuando quieren. El transporte público en Buenos Aires no puede seguir siendo un privilegio para los que tienen el sistema a favor. La educación no arranca en el aula, arranca en la parada del colectivo, y hoy el Estado está dejando a miles de estudiantes en la vereda.

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