17 junio, 2026
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Un equipo de científicos desembarcó de urgencia en Ushuaia para rastrear roedores infectados tras el peligroso foco detectado en una embarcación turística que encendió las alarmas sanitarias.

La psicosis por el hantavirus sumó un nuevo capítulo que expone la fragilidad de los controles fronterizos y sanitarios en el país. Especialistas de la ANLIS Malbrán tuvieron que armar un operativo de emergencia en Tierra del Fuego para capturar roedores silvestres, luego de que un brote confirmado dentro del crucero HV Hondius desatara la peor de las sospechas sobre la circulación del virus en las zonas naturales del sur.

El despliegue en el territorio parece sacado de una película de terror biológico, con científicos usando trajes de presión positiva y respiradores autónomos para manipular a los animales. La bronca y la preocupación escalan entre quienes exigen saber cómo es posible que una enfermedad tan letal haya burlado los protocolos de un buque internacional, poniendo en riesgo no solo a los pasajeros sino a toda la región patagónica.

Los investigadores colocaron trampas nocturnas en áreas clave para atrapar ratones colilargos y otras especies transmisoras de la enfermedad. El nivel de hermetismo con el que las autoridades provinciales y nacionales manejaron la situación inicialmente genera indignación y sospechas sobre la verdadera magnitud del foco infeccioso que intentan contener a contrarreloj.

Las muestras de sangre y tejido congeladas a menos 80 grados serán enviadas a Buenos Aires para un análisis molecular que determine el genoma exacto del virus. El debate queda abierto sobre la falta de prevención en las rutas turísticas y la lentitud para reaccionar ante amenazas epidemiológicas que, de descontrolarse, podrían golpear con fuerza el turismo y la salud pública nacional.

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