El director técnico canceló los descansos y obligó al plantel a entrenar de inmediato en Ezeiza para tapar el fracaso futbolístico ante el inminente partido de la Copa Sudamericana.
La indignación en el mundo millonario llegó a su punto más alto y el clima de tensión en la provincia de Buenos Aires es total. Sin dejar espacio para el duelo ni para procesar la vergonzosa derrota ante Belgrano que los dejó sin el Torneo Apertura, la conducción técnica determinó que los futbolistas se presenten a las prácticas esta misma tarde en el predio bonaerense, una medida drástica que expone la crisis interna y el apuro por acallar los silbidos que ya se preparan en las tribunas.
El entrenador Eduardo Coudet, quien además arrastra el repudio generalizado por su violenta expulsión en la final cordobesa, busca limpiar su imagen de manera desesperada obligando a sus dirigidos a trabajar bajo un régimen de urgencia. La falta de carácter del equipo para sostener un resultado favorable desató una ola de insultos de la parcialidad porteña y bonaerense, que exige explicaciones por la displicencia táctica mostrada en el partido más importante del año.
La decisión de jugar al límite físico con las principales figuras del plantel terminó saliendo de la peor manera posible, dejando averiados a futbolistas clave como Aníbal Moreno, Marcos Acuña y Juan Fernando Quintero. Los hinchas apuntan con furia a la soberbia del cuerpo técnico por arriesgar las piernas de los referentes en una final que terminaron regalando, forzando ahora un descanso médico obligatorio en vísperas del duelo internacional.
La obligación de sumar al menos un empate frente al modesto Blooming de Bolivia en el Monumental se transformó en una trampa de alta presión para la dirigencia y los jugadores. El margen de error se redujo a cero, y cualquier tropiezo en la Copa Sudamericana significará el fin del ciclo para varios de los miembros de la zaga central y los arqueros improvisados que decepcionaron a la gente.
Las prácticas en el suelo bonaerense iniciarán en medio de un silencio sepulcral y con los teléfonos de los dirigentes al rojo vivo por los reclamos de una limpieza profunda de cara al próximo mercado de pases.
