La trágica muerte de un menor en bicicleta sobre los carriles rápidos reaviva la furia por la total falta de infraestructura y la nula presencia del Estado para frenar el peligro en las colectoras bonaerenses.
El horror absoluto se apoderó de la autopista Panamericana este domingo a la noche y abrió un debate feroz que indigna a toda la provincia de Buenos Aires. La muerte instantánea de un nene de apenas 9 años, arrollado por un auto de alta gama a la altura del kilómetro 44 en Pilar, saca a la luz el descontrol histórico en las zonas periféricas de la traza, donde los menores circulan sin ningún tipo de contención ni barandas que limiten el acceso al asfalto pesado.
La reconstrucción del drama enciende la polémica por la alarmante desprotección edilicia de la colectora del ramal Pilar. Según los testigos, el chico bajó en velocidad por una pendiente de tierra directa hacia los carriles principales sin que existiera un solo guardarraíl o malla de seguridad que impidiera el desastre, terminando debajo de un Volkswagen Vento que circulaba por la vía rápida a las 20:30 horas.
El estallido de bronca entre los automovilistas y los residentes locales apunta directo a las promesas incumplidas sobre la seguridad vial en el partido de Pilar. Mientras el cuerpo de la víctima quedó tendido sobre la calzada provocando el colapso total del tránsito hasta el Puente Kansas, las críticas apuntan a las nulas campañas de prevención en los barrios linderos y a la ausencia de personal que vigile estas zonas de altísimo riesgo.
La justicia penal ya intervino a través de la UFI de turno, imputando al conductor de 29 años por homicidio culposo, pero el foco del reclamo excede la responsabilidad individual del automovilista. Las redes sociales y los foros vecinales hierven exigiendo explicaciones al municipio y a la empresa concesionaria por mantener pendientes sin pavimentar ni señalizar a centímetros de una de las autopistas más transitadas del país.
El operativo policial de la Comisaría Pilar 7ma se retiró dejando atrás una profunda sensación de desamparo en un sector vial donde las muertes absurdas se repiten ante la pasividad de los organismos reguladores que miran para otro lado.
