Tras dos meses de silencio y causas judiciales por enriquecimiento, el jefe de Gabinete retoma las conferencias mientras el oficialismo intenta enterrar las sospechas.
No hay renuncia, hay contraataque. Manuel Adorni sobrevivió al «Día D» en el Congreso y ahora se prepara para volver a adoctrinar desde el atril de la Casa Rosada. Después de semanas de esconderse por el escándalo del viaje de su esposa y las dudas sobre su declaración jurada, el Gobierno decidió que la mejor defensa es un buen ataque: blindaje total de los hermanos Milei y a otra cosa.
La estrategia es clara: «el tema ya aburre». Así, con esa soberbia, despachan en los pasillos de Balcarce 50 a cualquiera que pregunte por los 4.800 interrogantes que dejó la oposición. Mientras tanto, el funcionario que «no sabía» quién le pagaba los vuelos a Punta del Este se abraza a Santiago Caputo y Karina Milei para demostrar que sigue siendo el mimado del poder.
Lo que indigna es el cierre de filas. El Presidente mandó a todo el Gabinete a hacerle la segunda a Adorni, una foto de familia para decir que acá no pasó nada. Mientras la Justicia miraba de reojo los contratos y el crecimiento de sus bienes, ellos se ríen y prometen poner «quinta a fondo» con las reformas, ignorando el ruido de una sociedad que pide explicaciones reales.
¿Y la prensa? Afuera. Milei no solo insulta a los periodistas tratándolos de corruptos, sino que mantiene el bloqueo al ingreso a la Rosada. Quieren comunicar, pero sin que nadie les repregunte sobre lo que verdaderamente importa. Es una nueva etapa de monólogo donde el que cuestiona es el enemigo.
Ahora el plan es Mar del Plata y fotos con portaaviones yanquis para distraer. Quieren que el feriado del Día del Trabajador borre la memoria de una semana donde se respondió poco y se gritó mucho. La pregunta es si la gente va a comprar este cierre de caso o si el «aburrimiento» del que habla el Gobierno es, en realidad, un hartazgo que no se soluciona con una conferencia de prensa.
