17 junio, 2026
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El termómetro social no solo mide la inflación y la pérdida del poder adquisitivo; ahora también registra un colapso en la salud mental.

Quienes habitan el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) transitan el escenario actual sumergidos en un clima emocional cada vez más hostil. La incertidumbre, la preocupación y el cansancio ya no son simples sensaciones de pasillo, sino los ejes centrales de un profundo desgaste psicológico derivado en forma directa de la coyuntura socioeconómica.

De acuerdo con el último informe del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la UBA, los sentimientos negativos crecen a paso firme en la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano. El estudio, que relevó a más de 1.500 residentes adultos, expone una realidad alarmante: el 74% de los encuestados califica la situación socioeconómica general como bastante o muy grave. Esta severa percepción de crisis consolida un estado de «alerta constante» que agota de manera drástica las reservas emocionales de la ciudadanía.

La reingeniería de consumo diaria y la presión de no llegar a fin de mes actúan como disparadores crónicos de ansiedad y fatiga emocional. Al ser consultados por sus principales temores familiares y personales, el 53% manifestó angustia ante la posibilidad de «que el país siga en decadencia», seguido muy de cerca por el 52% que teme «no llegar a fin de mes» y un 46% preocupado por su «futuro laboral». La falta de un horizonte previsible impacta de forma directa en las rutinas básicas, traduciéndose en altos niveles de irritabilidad y alteraciones del sueño que ya afectan a tres de cada cuatro personas.

El impacto de las políticas económicas y del severo ajuste gubernamental genera, además, un quiebre en las expectativas a mediano plazo. El pesimismo reina de cara al futuro próximo: el 49% de los consultados prevé que su situación económica individual empeorará dentro de los próximos doce meses. En sintonía con este malestar estructural y la marcada polarización política, el relevamiento de la UBA evidenció un fuerte descontento social con el rumbo de la gestión de Javier Milei, cuya desaprobación alcanza el 68% en la región. La crisis dejó de ser únicamente un debate de números en el tablero macroeconómico para transformarse en una dura batalla de supervivencia psicológica en el día a día del AMBA.

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