Entre amenazas de renuncia y gritos por la pasividad ante Milei, los capos de Azopardo llevan sus camiones a la plaza con la sombra de un nuevo paro general.
La Plaza de Mayo se prepara para recibir este jueves a una dirigencia sindical que llega más fracturada que nunca. Mientras el triunvirato intenta disfrazar la interna con un homenaje al fallecido Papa Francisco, las bases y los gremios más duros exigen dejar de «ir a llorar a la Justicia» para empezar un plan de lucha real que paralice la provincia y el país.
El clima en las reuniones previas fue de pura violencia verbal. «¡Pónganse la campera de Ubaldini!», le gritaron a la cúpula oficialista, acusándola de mirar para otro lado mientras las paritarias se hunden y los despidos se multiplican. Dirigentes de peso como Barrionuevo y Maturano ya no ocultan su asco por la «tibieza» de una central que parece más preocupada por los expedientes que por la heladera de los trabajadores.
Para meterle más nafta al fuego, el Gobierno castigó a los ferroviarios y a la UTA con multas multimillonarias que superan los 90 mil millones de pesos. Es una declaración de guerra total en la previa del Día del Trabajador. ¿Van a seguir rezando oraciones o se van a animar a clavar el país de punta a punta como pide la calle?
La presencia de La Cámpora y el kicillofismo en la organización le pone el sello político a una marcha que promete ser un caos de tránsito y una caldera social. Los «gordos» de la CGT saben que si hoy no anuncian algo concreto, la mística del «modelo sindical» se les termina de escurrir entre los dedos frente a una izquierda que los trata de traidores.
¿Es una demostración de fuerza o el último desfile de una dirigencia que ya no representa a nadie? La plaza hablará hoy a las 15, pero el verdadero combate se libra en los despachos donde se decide si habrá o no un paro general inminente que termine de romper todo.
