11 mayo, 2026
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Mientras la justicia le pisa los talones por su patrimonio, el vocero se atrincheró en el recinto con el apoyo de todo el Gabinete y prometió no renunciar.

Lo que debía ser un informe de gestión obligatorio terminó siendo una función de circo romano con banda sonora de Hollywood incluida. Javier Milei, lejos de pedir explicaciones por los escándalos que salpican a su mano derecha, se instaló en el palco para gritarle a la oposición y blindar a un Manuel Adorni que llegó al Congreso arrastrando denuncias de corrupción y viajes de placer en aviones oficiales.

La escena fue bizarra: diputados repartiendo pochoclos como si estuvieran en el Atlas de calle Rivadavia y el Presidente musicalizando la entrada de su vocero con la canción de Rocky. Parece que para el Gobierno, enfrentar investigaciones por enriquecimiento ilícito e inconsistencias patrimoniales es una épica deportiva y no una responsabilidad judicial frente a los ciudadanos que pagan el ajuste.

Adorni, que estuvo mudo durante más de un mes tras el estallido de las denuncias por los viajes de su esposa y la compra de inmuebles sospechosos, aprovechó el blindaje para chicanear al kirchnerismo. Con la vara ética por el piso, el funcionario que juraba que «no hay plata» ahora tiene que explicar cómo construyó su fortuna y por qué su «compañera de vida» vuela a Nueva York a costa del Estado mientras la gente no llega a fin de mes.

Durante seis horas de preguntas y respuestas, el vocero se limitó a decir que no cometió delitos y que probará todo en la justicia, pero el daño moral ya está hecho. El hombre que venía a limpiar la política terminó mimetizado con los peores vicios de la casta, usando los aviones privados de contratistas del Estado y justificando lo injustificable desde un púlpito de soberbia.

Al final del día, el show de las palomitas se terminó, pero las causas judiciales siguen abiertas. El Gobierno insiste en que tiene la vara alta, pero la realidad demuestra que, cuando el escándalo toca a los propios, el discurso de la honestidad se convierte en una película de acción donde el único objetivo es sobrevivir al guion.

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