El Estrecho de Ormuz arde y el combustible se dispara, pero a las potencias solo les importa quién se queda con el control de la Inteligencia Artificial.
Mientras vos hacés malabares para cargar el tanque porque el crudo saltó de 65 a 110 dólares, los dueños del mundo están en otra sintonía mucho más peligrosa. El caos en Medio Oriente no es solo una guerra por energía; es la pantalla perfecta para que corporaciones gigantes y potencias como Estados Unidos y China terminen de definir quién nos va a manejar la vida a través de algoritmos que nadie entiende.
El famoso «efecto mariposa» nos está pegando de lleno. El bloqueo en Ormuz no solo encarece la nafta en la esquina de tu casa, sino que pone en jaque la producción de alimentos por la falta de fertilizantes. Es un desorden sistémico donde las reglas que conocíamos ya no existen y donde los países que no se despierten van a quedar reducidos a simples espectadores de una crisis de hambre y costos imposibles.
Pero ojo, porque detrás del humo de las bombas aparece la Inteligencia Artificial como la verdadera amenaza. Expertos aseguran que le temen más a la velocidad de estas tecnologías que a los misiles. Las grandes empresas ya no quieren leyes; escriben manifiestos propios para compartir el poder con los Estados. Te están cambiando las reglas del juego en la cara y usan el petróleo como distracción.
En mayo, Trump y Xi Jinping se sientan a negociar el futuro en una cumbre que definirá los próximos cinco años. No van a hablar de paz, van a pelearse por los chips y las tierras raras que hacen funcionar a las máquinas. Es una partida simultánea donde mezclan piezas viejas, como los tanques, con piezas nuevas que pueden dejar a millones sin trabajo y sin recursos en un abrir y cerrar de ojos.
