La senadora agitó la interna desde Santiago de Chile con críticas a la gestión del PRO en la Ciudad. Con Adorni contra las cuerdas, la «Pato» asoma como la elegida de Karina Milei para copar la Capital.
Mientras el Jefe de Gabinete Manuel Adorni se hunde en explicaciones sobre su patrimonio, Patricia Bullrich aprovechó su gira trasandina para disparar con munición gruesa contra la realidad de las calles porteñas. Entre elogios a la limpieza de Santiago y críticas al tránsito y los impuestos de Buenos Aires, la exministra dejó en claro que la foto con Karina Milei no fue una casualidad, sino el inicio de una ofensiva para arrebatarle el control del distrito al macrismo residual.
La jugada es maestra: pegar desde afuera para que duela adentro. Bullrich se reunió con el alcalde chileno y soltó la frase que hizo saltar las alarmas en la sede de Uspallata: «el cambio se consolida cuando llega al barrio». Traducido al criollo, la senadora le está diciendo a Jorge Macri que su gestión no representa el cambio que la gente votó y que ella está lista para bajar al territorio y «limpiar» la Ciudad de las mañas del viejo PRO.
Lo que antes era un rumor de pasillo, ahora es una guerra declarada por la sucesión porteña. Con el «factor Adorni» herido de muerte por las denuncias judiciales, el espacio libertario se quedó sin su candidato estrella para la Ciudad. Es ahí donde entra Bullrich, quien este mes arranca sus recorridas barriales para medir el termómetro de una clase media porteña que está harta de pagar impuestos y ver las veredas rotas.
¿Es una traición al partido que fundó Mauricio Macri o simplemente una lectura realista del poder? Patricia ya no pide permiso. Sus críticas a la presión impositiva y al mal funcionamiento del transporte en CABA son música para los oídos de los libertarios que quieren desplazar a los «primos» del poder. La alianza con «El Jefe» Karina Milei parece sellada y el objetivo es uno solo: quedarse con la joya de la corona en 2027.
La interna está que arde y los vecinos quedan en el medio de una pelea de egos. Mientras tanto, Bullrich juega a dos puntas: agenda internacional para parecer presidenciable y bajada al barro porteño para demostrar que tiene los votos. Jorge Macri mira de reojo y el PRO se desangra entre los que quieren fusionarse con Milei y los que se resisten a desaparecer bajo el ala de la «Pato».
La moneda está en el aire y la pregunta es obligatoria: ¿Te la imaginás a Patricia manejando la Ciudad o es solo otra maniobra para presionar en la interna nacional? El que se duerme en Buenos Aires, termina siendo alfombra de los que vienen marchando.
