Presionado por la obligación de ganar o despedirse de la Copa Libertadores, el técnico mete mano en el once titular en medio de una crisis total por lesiones.
La paciencia de los hinchas está al límite y la dirigencia sabe que no hay margen para otro fracaso internacional. Este jueves por la noche, el club más cuestionado del país enfrenta una verdadera final ante Universidad Católica, condicionado por un plantel diezmado que expone los graves errores de planificación cometidos durante el último mercado de pases.
El técnico Claudio Úbeda se vio obligado a improvisar una alineación repleta de parches para tapar las ausencias por suspensiones y la alarmante racha de lesiones musculares. La defensa sufrirá la baja del sancionado Ayrton Costa, obligando el ingreso de Marco Pellegrino a una zaga central que viene mostrando severas falencias en los retrocesos.
En el mediocampo la polémica está instalada por la decisión táctica de incluir a Ander Herrera en lugar de Tomás Belmonte, un cambio que genera fuertes discusiones entre los socios por la falta de ritmo del volante. Toda la responsabilidad recaerá sobre el capitán Leandro Paredes, quien deberá multiplicarse para sostener un esquema que ofrece demasiadas ventajas al rival.
La situación de la delantera roza el escándalo debido a los desgarros simultáneos de los atacantes principales, lo que fuerza la inclusión de Milton Giménez y de un Exequiel Zeballos que jugará su último partido antes de ser transferido. La escasez de recambios de jerarquía deja en evidencia la vulnerabilidad de una institución que gasta millones pero carece de un banco de suplentes confiable.
Si el silbatazo final del árbitro Wilmar Roldán decreta la eliminación prematura en la fase de grupos, el clima político en el club bonaerense se volverá insostenible. Los hinchas no van a tolerar otra decepción en casa y la crisis deportiva podría llevarse puestos no solo al cuerpo técnico, sino también a los principales responsables del Consejo de Fútbol.
