14 agosto, 2026
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La volatilidad del mercado energético, condicionada por el conflicto en Medio Oriente, frenó la baja de combustibles que esperaba el Ejecutivo y complicó su estrategia para profundizar la desaceleración de la inflación.

El Gobierno mantiene bajo seguimiento la evolución del petróleo y de los mercados internacionales ante el riesgo de que los factores externos terminen afectando su programa económico. La guerra en Medio Oriente y las decisiones de la Reserva Federal de Estados Unidos aparecen entre las principales variables que podrían alterar las proyecciones oficiales y ejercer presión sobre la inflación.

En la Casa Rosada también observan con atención el escenario electoral y sus posibles efectos sobre las variables financieras. Una de las razones por las que el oficialismo impulsa la eliminación de las PASO es evitar que se repita una situación similar a la de 2019, cuando la derrota de Mauricio Macri en las elecciones primarias desencadenó una fuerte presión sobre los mercados financiero y cambiario antes de los comicios generales.

La lectura que predomina en el Gobierno es que una elección primaria desfavorable podría ser interpretada por los mercados como una señal anticipada y condicionar la economía durante la campaña. Por eso, la estrategia apunta a llegar directamente a las elecciones generales con una oferta electoral ordenada, acuerdos con las provincias y variables financieras que no queden expuestas a una primera votación nacional.

Diferencias dentro del Gobierno por el dólar

En el oficialismo existen distintas miradas sobre la evolución que podría tener el tipo de cambio. Algunos integrantes del Gabinete consideran posible llegar a 2027 con valores similares a los actuales y con un dólar por debajo de los $1.600.

Otros funcionarios, en cambio, mantienen una postura más cautelosa y advierten sobre los efectos que podrían tener el contexto internacional, las tasas de interés estadounidenses y el comportamiento de los precios de la energía.

La confianza del Ejecutivo en su proyección cambiaria se apoya en la política monetaria y fiscal implementada. “No emitimos de más, no hicimos plan platita y la demanda de dinero viene bien. No tiene por qué subir el dólar”, sostienen desde despachos oficiales.

Esta visión resulta más optimista que las últimas estimaciones del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central. Según ese informe, la mediana de las proyecciones ubicó el dólar en $1.673 para diciembre, mientras que el promedio de los diez mejores pronosticadores lo situó en $1.621.

La Reserva Federal, otra variable bajo monitoreo

La Casa Rosada también sigue con atención las decisiones de la Reserva Federal (FED). En junio, el organismo estadounidense mantuvo la tasa de referencia en un rango de entre 3,5% y 3,75%.

Sin embargo, sus documentos más recientes reconocieron presiones inflacionarias vinculadas con la energía y plantearon un sendero de tasas más elevado que el previsto algunos meses atrás. La próxima reunión de la FED está programada para el 28 y 29 de julio.

En el Gobierno advierten que una política monetaria más restrictiva en Estados Unidos podría fortalecer al dólar a nivel internacional, elevar el rendimiento de los bonos norteamericanos y reducir el ingreso de capitales hacia los mercados emergentes.

“Significa menos dólares para la Argentina, siempre”, resumen en el oficialismo.

En sentido contrario, en el Ejecutivo recuerdan que la caída del dólar a nivel global y una reducción de las expectativas sobre las tasas estadounidenses favorecieron anteriormente a los activos argentinos. En esos escenarios, los bonos locales registraron subas y el riesgo país retrocedió.

Desde el Ministerio de Economía siguen de cerca esta relación debido a su impacto potencial sobre el acceso al financiamiento, la acumulación de reservas y la estabilidad del tipo de cambio.

Petróleo y combustibles: la otra preocupación

El Gobierno también observa la evolución de la guerra en Medio Oriente y sus consecuencias sobre el precio internacional del crudo. El barril de Brent para entrega en septiembre cerró este lunes cerca de los US$85, después de haber superado los US$100 durante el jueves y viernes.

El movimiento del petróleo complicó una de las expectativas que tenía el Ejecutivo para los próximos meses. La Casa Rosada proyectaba una reducción de entre el 10% y el 15% en el precio de los combustibles para comienzos de agosto.

En el entorno más cercano al Gobierno consideraban que una baja de esa magnitud podía generar un efecto sobre otros precios y contribuir a que el índice de inflación de septiembre quedara por debajo del 1%.

Por el momento, el Ejecutivo no descarta una reducción en el precio de los combustibles, aunque admite que podría ser menor a la inicialmente prevista. La decisión estará condicionada por la evolución del petróleo, los costos de importación, el tipo de cambio y la política comercial que definan las empresas petroleras durante las próximas semanas.

En Balcarce 50, de todos modos, buscan moderar las preocupaciones por una posible prolongación del conflicto en Medio Oriente. El análisis oficial parte de la premisa de que Donald Trump no podría afrontar las elecciones legislativas estadounidenses con una guerra extendida y un precio de los combustibles presionado por un barril cercano a los US$100.

“Va a tener que desarmar antes. No vemos un problema”, sostienen desde el Gobierno.

La meta de llevar la inflación por debajo del 1%

El Ejecutivo busca reducir progresivamente la inflación mensual, desde el 1,9% registrado en junio hasta niveles inferiores al 1% durante los próximos meses.

El último dato oficial también mostró una inflación núcleo del 1,6%. En paralelo, los precios regulados aumentaron 2,3%, mientras que el rubro que comprende vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles registró una suba del 3,3%.

Estas proyecciones forman parte de la estrategia electoral del Gobierno. En la mesa chica del oficialismo consideran que podrían llegar a las elecciones de 2027 con una inflación mensual cercana al 0,5% y un dólar sin fuertes saltos.

La intención es mostrar ambos resultados como ejes centrales de la campaña. A esos factores, el Ejecutivo suma como otro elemento favorable la presentación del plan de pagos de deuda previsto para 2026 y 2027.

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