El Instituto Nacional de la Yerba Mate reveló una caída histórica del 9% en el consumo y los almaceneros bonaerenses confiesan que tuvieron que dejar de vender los paquetes de un kilo porque nadie tiene plata.
La crisis económica tocó el límite más doloroso para el bolsillo de los bonaerenses y pegó de lleno en la costumbre más sagrada de los hogares. Los últimos datos del Instituto Nacional de la Yerba Mate desnudaron un derrumbe catastrófico que marca el peor registro de consumo de los últimos cinco años. El mate, que siempre fue el refugio frente a la malaria, pasó a ser un artículo restrictivo que se debate entre las marcas más baratas y los envases diminutos.
El termómetro de las góndolas en el conurbano bonaerense expone una realidad que alarma a los comerciantes de los barrios. Los almaceneros de localidades como El Palomar o Villa Sarmiento confirmaron que el paquete de un kilo desapareció de los pedidos habituales porque quedó estancado en las estanterías debido a la falta de poder adquisitivo. La inflación forzó un cambio de hábito drástico donde la elección se reduce únicamente al formato de medio kilo.
La Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires constató que el desabastecimiento de las mesas no responde a una falta de mercadería, sino a la licuación sistemática de los salarios. A pesar de que los productores de Misiones aplicaron bonificaciones y rebajas por el exceso de cosecha, los consumidores locales no logran reunir el dinero mínimo para convalidar los precios que imponen las primeras marcas del sector.
La caída del consumo de la infusión nacional consolida una tendencia de contracción que se arrastra desde mediados del año pasado y que no encuentra piso. La llegada de los primeros fríos intensos en el territorio provincial, una época que históricamente disparaba las ventas de los productos de almacén, esta vez no generó el alivio esperado por el sector comercial independiente.
El debate queda instalado en cada rincón de la Provincia ante un escenario que erosiona los consumos más básicos de la población. La realidad de las cajas registradoras demuestra que las prioridades cambiaron a la fuerza y que el acceso a un paquete de yerba se transformó en un indicador directo de la pobreza que golpea a los barrios.
