El cierre del Estrecho de Ormuz por el conflicto entre Irán y Estados Unidos dispara las alarmas mundiales y el impacto en los surtidores locales promete ser un golpe de gracia para el bolsillo bonaerense.
Mientras los canales de noticias se entretienen con el show de la política local, en el corazón del mundo se está cocinando una catástrofe que nos va a pegar donde más duele: la nafta. La tensión militar en el Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 25% del petróleo mundial, amenaza con repetir la debacle histórica de Suez pero en versión 2026. Estados Unidos podrá ganar batallas, pero Teherán ya está ganando la guerra económica, y el gobernador parece no registrar que Buenos Aires depende de esos precios para que no estalle la logística.
El mundo está rediseñando sus rutas de escape en semanas, activando oleoductos en Arabia Saudita y Emiratos para esquivar el bloqueo iraní. Sin embargo, estas «alternativas» son tan frágiles como un cristal: los drones y los ataques hutíes ya demostraron que no hay lugar seguro. Acá, el ciudadano común sigue pagando aumentos preventivos en la estación de servicio mientras la justicia y el poder político se duermen en los laureles de la agenda interna, ignorando que el crudo es la arteria que nos mantiene vivos.
Resulta indignante ver cómo países como Siria o Irak, castigados por décadas de miseria, se mueven más rápido que nuestra dirigencia para posicionarse como «puentes» comerciales. Mientras ellos estiran tuberías de miles de kilómetros, el gobierno local no tiene un plan de contingencia para cuando el barril vuele por los aires. Nos venden soberanía energética, pero si Ormuz se cierra definitivamente, la economía bonaerense va a entrar en un laberinto del que nadie tiene la llave.
¿Qué va a pasar cuando los camiones que traen la comida al conurbano no puedan cargar gasoil porque el precio es prohibitivo? El delirio geopolítico de unos pocos en Medio Oriente lo terminamos financiando nosotros en cada ticket del supermercado. La pasividad ante este escenario es criminal; no es solo una guerra lejana, es el costo de vida de cada familia lo que está arriba de la mesa de arena de los generales.
La situación está abierta y el pronóstico es reservado, pero una cosa es segura: cuando el petróleo falta, la paz social se termina rápido. El rediseño del comercio global ya empezó y nosotros, como siempre, estamos llegando tarde al reparto de soluciones.
