El final de la Copa del Mundo dejó un hueco en la vida emocional de muchos argentinos. El fervor por la Selección concentró expectativas, deseos y sentimientos que, con el cierre del torneo, pueden transformarse en una sensación de pérdida y soledad, según explicó un psiquiatra.
Durante el último mes, la vida cotidiana en Argentina estuvo atravesada por la Selección, que llegó al Mundial 2026 con la misión de defender el título conseguido en Qatar.
Según un estudio reciente del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la UBA, ocho de cada diez personas aseguraron que les importaba «mucho» o que era «importantísimo» que Argentina ganara la Copa del Mundo. El fenómeno atravesó identidades futbolísticas, edades y géneros.
La adhesión masiva se manifestó en rituales, cábalas y una suspensión de las rivalidades históricas, generando un clima de unión difícil de encontrar en otros espacios de la vida nacional.
Estas prácticas colectivas, que van desde mirar los partidos siempre en el mismo lugar hasta realizar promesas religiosas o desafíos físicos, conforman una suerte de cábala nacional que, de acuerdo con el OPSA, funciona menos como una superstición y más como una herramienta para manejar la ansiedad.
La encuesta señala que el 60% de los consultados realiza alguna cábala durante los partidos, mientras que el 57% lo hace para controlar los nervios y no tanto por considerar que esas acciones puedan modificar el resultado.
Qué se pone en juego durante el Mundial más allá del fútbol
El médico psiquiatra y psicoanalista José Abadi (MN 44.946) analizó la dimensión emocional que acompaña estos procesos colectivos. Según el especialista, durante cada Mundial los argentinos depositan una concentración extraordinaria de deseos, expectativas y emociones.
«Se juegan muchas cosas. Tiene que ver con una necesidad de triunfo, una necesidad que lo haga sentir al sujeto importante y valorado. La autoestima, en este contexto, se experimenta de forma colectiva: el triunfo otorga a las personas una sensación de ser respetadas, valoradas y reconocidas», explicó.
Los datos del OPSA reflejan esa proyección simbólica. Para el 66% de las personas, ganar la Copa representa alegría y felicidad, mientras que el 37% lo relaciona con la unión y el orgullo colectivo. Solo una minoría, equivalente al 4%, respondió que conseguir el título no significaría nada.
En este contexto, el fútbol se convierte en un espacio de identificación popular y en un canal para expresar valores. Así lo explicó el psiquiatra y neurólogo Enrique De Rosa Alabaster (MN 63.406) en una nota previa: «La Selección encarna recuerdos de infancia, barrio, clubes, rivalidades, generaciones, frustraciones y esperanzas. En una sociedad habituada a la incertidumbre, el fútbol brinda algo excepcional: reglas claras, tiempo definido, adversario visible y resultado concreto».
El vacío que aparece después de la intensidad
Con el final del torneo, que en esta edición se disputó en Estados Unidos, México y Canadá, aparece una sensación de vacío en una parte importante de la sociedad.
La explicación de Abadi contempla diferentes aspectos. «Uno de ellos es que, cuando se concentra toda la atención, los deseos y las expectativas en un acontecimiento que tiene muchos significados, es natural que, cuando esto termina, surja una sensación de pérdida y de soledad», señaló.
Este sentimiento no necesariamente representa un cuadro depresivo, sino que puede responder a la intensidad del involucramiento emocional experimentado durante la competencia.
El especialista también aclaró que la tristeza vinculada con la derrota o con no haber alcanzado el objetivo no es el único factor que explica esa sensación.
«Muchas veces se vive el vacío como la tristeza porque no se ganó el último partido, se salió segundo y no primero en el Mundial. Ese vacío que está vinculado a la frustración de no haber alcanzado la victoria futbolística, con todos los significados que esto tiene desde las representaciones conscientes e inconscientes de la gente, tenemos que entenderlo como el resultado de un impacto inicial. Es un vacío que tiene que ver con la inmediatez de la situación», precisó Abadi.
El relevamiento del Observatorio de Psicología Social Aplicada también muestra que la ansiedad ocupa un lugar central en la experiencia colectiva durante el Mundial. Más de la mitad de los encuestados reconoció que las cábalas sirven para manejar los nervios y no para influir sobre el resultado. De hecho, apenas el 18% cree en su eficacia mágica.
Además, el 30% de las personas aseguró estar pendiente del partido desde varias horas antes, mientras que el 20% manifestó sentir que juega el encuentro desde afuera. En total, siete de cada diez entrevistados organizaron su día alrededor del partido o se sintieron parte activa de la competencia.
El final de ese proceso deja un espacio que hasta hace poco estaba completamente ocupado por el Mundial y todo lo que lo rodeaba.
«Ese vacío todavía es una vivencia relacionada con la sorpresa, la frustración, y el sentimiento de que la imaginación quedó despoblada de una serie de expectativas que se tenían. Además, como si de repente una agenda que estaba dedicada en gran parte a eso dejara de existir, la sensación inicial suele ser de vacío», concluyó Abadi.
