11 mayo, 2026
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Viajar en el AMBA ya es un lujo. Entre aumentos del 11% en Provincia y subas en CABA, el mínimo acaricia los mil pesos mientras las frecuencias desaparecen.

No hay respiro para el laburante que se despierta a las cinco de la mañana. Desde este lunes 4 de mayo, subirse al bondi cuesta una fortuna gracias a un nuevo tarifazo que golpea con más fuerza en el Conurbano que en la Capital. Con la excusa del aumento de combustibles, la gestión bonaerense clavó un ajuste del 11% que deja el boleto mínimo al borde de las cuatro cifras, transformando el derecho a circular en un presupuesto imposible de pagar.

En la Provincia de Buenos Aires, el mínimo saltó a $968,57 para las líneas que van del 200 al 499 y las municipales. Si sos de los que todavía no tienen la SUBE registrada, preparate para que la máquina te descuente casi dos lucas por un tramo de apenas tres kilómetros. Es un castigo directo a los que menos tienen, sumado a que las empresas cortan frecuencias porque «no les cierran los números», dejando a la gente amontonada en la parada.

La Ciudad no se queda atrás y aplicó un 5,4% de aumento, llevando el mínimo a $753,74. Pero el verdadero escándalo está bajo tierra: el Subte ya cuesta $1490. ¿Quién puede costear dos o tres viajes diarios con estos valores? La diferencia entre jurisdicciones es un caos que solo marea al pasajero, mientras los peajes también se dispararon para terminar de asfixiar a los que intentan evitar el transporte público.

Lo que indigna a cualquiera que camina la calle es que el servicio no mejora. Pagamos tarifas de primer mundo para viajar en unidades que se caen a pedazos y esperar cuarenta minutos el 500 o el 203. El Ministerio de Transporte justifica el golpe con planillas de Excel y porcentajes de IPC, pero la realidad en la parada es que la plata no alcanza y viajar a trabajar sale más caro que el almuerzo.

Este lunes las terminales de La Plata, Constitución y Retiro fueron un hervidero de quejas. Con un boleto que sube mensualmente de forma «sostenida», el futuro del transporte público en Buenos Aires parece ser el de un servicio exclusivo para pocos, mientras el resto queda a pie o esperando un milagro para que la SUBE no le tire el «saldo insuficiente».

La paciencia del usuario está llegando a un límite peligroso. Mientras los combustibles sigan subiendo y el subsidio siga en la cuerda floja, la pregunta no es cuándo será el próximo aumento, sino cuántos bonaerenses van a poder seguir pagando para ir a cumplir con sus obligaciones.

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