14 agosto, 2026
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Especialistas aseguran que prohibir los dispositivos no suele ser efectivo. La clave está en ofrecer alternativas atractivas, fomentar la autonomía y que los adultos también revisen sus propios hábitos tecnológicos.

Durante las vacaciones, el uso excesivo del celular, la tablet o la computadora suele convertirse en uno de los principales motivos de discusión dentro de las familias. Sin embargo, especialistas en salud mental coinciden en que el problema no son las pantallas en sí, sino la dificultad para gestionar el tiempo libre y el aburrimiento.

Según explican, los dispositivos están diseñados para captar la atención mediante estímulos constantes y recompensas inmediatas, lo que hace que resulte cada vez más difícil para chicos y adolescentes desconectarse por voluntad propia.

El aburrimiento también es necesario

Los expertos sostienen que el aburrimiento cumple un papel fundamental en el desarrollo infantil y adolescente, ya que favorece la creatividad, la regulación emocional y la capacidad de resolver problemas.

En ese sentido, advierten que intentar llenar cada minuto de ocio con actividades o recurrir automáticamente al celular impide que los chicos desarrollen autonomía y aprendan a crear sus propias formas de entretenimiento.

La clave está en ofrecer alternativas

Más que prohibir el uso de pantallas, los especialistas recomiendan ampliar las opciones de ocio con propuestas que resulten atractivas.

Las actividades al aire libre, los deportes, los juegos de mesa, cocinar en familia, participar de talleres, asistir a clubes de barrio o compartir tiempo con amigos aparecen entre las opciones más efectivas para competir con el atractivo de los dispositivos electrónicos.

Además, remarcan que las propuestas deben incluir desafíos, novedades o experiencias compartidas para captar el interés de niños y adolescentes.

El ejemplo de los adultos marca la diferencia

Otro de los aspectos centrales es la conducta de los propios padres. Los especialistas recuerdan que resulta difícil exigir un uso responsable del celular cuando los adultos permanecen conectados durante gran parte del día.

Por eso, recomiendan establecer momentos familiares libres de pantallas, respetar los mismos límites que se les pide cumplir a los hijos y convertir el ejemplo cotidiano en la principal herramienta de enseñanza.

Cómo poner límites sin generar conflictos

Los profesionales aconsejan definir las reglas antes de que comiencen las vacaciones y evitar imponer restricciones en medio de una discusión.

También sugieren explicar el motivo de los límites, ofrecer cierto margen de elección —como decidir en qué momento del día utilizar el celular— y reemplazar las prohibiciones por propuestas concretas de otras actividades.

El objetivo, aseguran, no es eliminar la tecnología de la vida cotidiana, sino enseñar a utilizarla de manera equilibrada y promover hábitos que fortalezcan el bienestar, la creatividad y los vínculos familiares.

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