Washington dejó de priorizar la vía diplomática y profundizó las sanciones, los ataques y el bloqueo marítimo contra Teherán. Ante el creciente aislamiento, funcionarios iraníes analizan nuevas estrategias que podrían ampliar el conflicto, mientras los mediadores intentan encontrar una salida a la crisis.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió descartar la vía diplomática con la República Islámica de Irán y cuestionó el acuerdo de alto el fuego alcanzado en junio, al afirmar que “no vale ni el papel en el que está escrito”.
En paralelo, su Gobierno incrementó la presión sobre Teherán mediante una campaña internacional de sanciones, ataques militares y un bloqueo marítimo que impide el ingreso y la salida de mercancías del país.
Esta ofensiva en distintos frentes llevó a Irán a enfrentar una presión sin precedentes y obligó a una población ya agotada por la guerra a soportar nuevas dificultades.
Mientras tanto, el líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, continúa llamativamente ausente. Este martes se cumplirán seis meses desde que se ocultó en un intento por evitar el destino de su padre y antecesor, el ayatola Ali Jamenei, quien murió durante un ataque aéreo al comienzo de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán a finales de febrero.
Frente a este escenario, funcionarios militares iraníes comenzaron a impulsar nuevas tácticas como respuesta a la presión. Entre las advertencias realizadas se encuentra la posibilidad de atacar a países que participan del bloqueo y ampliar el conflicto.
“Llegamos a la conclusión de que deben adoptarse nuevas estrategias en la guerra, en las negociaciones y para hacer frente al bloqueo”, afirmó el domingo Mohsen Rezaei, jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, durante una entrevista con medios de ese país.
El funcionario también sugirió que Teherán podría extender su propio bloqueo más allá del estrecho mediante la creación de una nueva “zona de exclusión” en el golfo Pérsico y el golfo de Omán.
Durante las últimas semanas, Irán y Omán mantuvieron negociaciones para establecer mecanismos de gestión del estrecho de Ormuz.
Este lunes, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, señaló que probablemente se registrará ante la Organización Marítima Internacional una “ruta segura temporal” a través del estrecho durante los “próximos días”.
Sin embargo, todavía no está claro si Estados Unidos reconocerá el acuerdo que negocian Teherán y Mascate.
Los obstáculos para retomar las negociaciones
Los mediadores que intentan encontrar una salida al conflicto identificaron por el momento dos dificultades principales: la voluntad política y las soluciones técnicas.
Así lo explicó a Becky Anderson, de CNN, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Qatar, Majed al-Ansari.
“La voluntad política se basa en la narrativa, es decir, en que encontremos la narrativa adecuada para que las partes del conflicto puedan salir de esta crisis. Y es como hacer malabares con cuatro o cinco pelotas al mismo tiempo mientras intentamos encontrar todas las soluciones necesarias”, sostuvo.
Pese al estancamiento de la diplomacia, los principales funcionarios iraníes, entre ellos el presidente Masoud Pezeshkian, expresaron en reiteradas oportunidades su intención de regresar al acuerdo de junio, considerado ampliamente por los observadores como favorable para Teherán.
Sin embargo, dentro de Irán, los sectores conservadores más duros continúan cuestionando cualquier entendimiento con Estados Unidos. También acusan al presidente y a sus negociadores de poner en riesgo los avances alcanzados por el país durante la guerra.
“Teherán intenta conciliar dos presiones: una población cansada de la guerra que necesita alivio económico y una base ideológica que no quiere capitular”, explicó a CNN Hamidreza Azizi, analista sénior sobre Irán del centro de estudios International Crisis Group (ICG).
En ese sentido, consideró que el escenario preferido sería la diplomacia, aunque debería poder presentarse internamente como el resultado de la fortaleza iraní y no como una retirada.
Acorralado por la presión externa y las diferencias internas, Irán enfrenta ahora un dilema.
Si no realiza concesiones respecto del control del estrecho de Ormuz, su programa nuclear o el alivio de las sanciones, resulta poco probable que disminuya la presión ejercida por Washington.
Pero cualquier concesión frente a Estados Unidos obligaría a los principales funcionarios iraníes a responder ante las facciones de línea dura del régimen, impulsadas por razones ideológicas.
“La nación iraní no acepta amenazas ni coerción, ni negociaciones cuyo resultado sea el debilitamiento de los derechos del país”, afirmó este lunes Hossein Taeb, jefe del grupo paramilitar voluntario Basij, de línea dura.
Y agregó: “Las negociaciones son para garantizar los derechos de la nación, no para entregarlos”.
“Dejar que ocurra lo inevitable”
Aunque funcionarios iraníes y qataríes destacan los esfuerzos destinados a recuperar la diplomacia, Trump sostiene que sus medidas no buscan “obligar” a Irán a regresar a la mesa de negociaciones.
Por el contrario, sus declaraciones sugieren que Washington se encuentra cómodo con el escenario actual.
“Me gusta mucho más nuestra posición actual, con un control casi total del estrecho de Ormuz y su economía colapsando por completo”, escribió Trump la semana pasada en Truth Social.
“Simplemente están dejando que ocurra lo inevitable”, agregó antes de pedirle al pueblo iraní que “se levante y luche” contra el régimen.
El memorando de entendimiento había establecido una hoja de ruta para nuevas conversaciones sobre el programa nuclear iraní y el levantamiento de sanciones.
También contemplaba un escenario futuro en el que Teherán tendría participación en la administración del estrecho de Ormuz, una vía estratégica para el transporte de aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo.
En las semanas posteriores a la firma del acuerdo, Irán intentó controlar el tránsito por el estrecho mientras Estados Unidos lanzó una intensa serie de ataques contra objetivos iraníes a lo largo de la costa.
La Armada estadounidense también comenzó a escoltar buques que trasladaban crudo fuera del estrecho de Ormuz. De esta manera, aumentó progresivamente el tránsito petrolero con el objetivo de aliviar la presión sobre los mercados.
Al mismo tiempo, países de la región como Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita recurrieron a rutas alternativas a Ormuz para transportar petróleo hacia sus clientes.
Desde la Casa Blanca sostienen que las fuerzas estadounidenses mantienen abierto el tránsito marítimo por el estrecho bajo protección de Estados Unidos.
“Nuestras exportaciones de energía no serán tomadas como rehenes, ni tampoco nuestro comercio y nuestra actividad económica”, afirmó este lunes el asesor presidencial de Emiratos Árabes Unidos, Anwar Gargash, durante el Foro Hili en Abu Dhabi.
El funcionario agregó que el país está ampliando la capacidad portuaria a lo largo de su costa oriental y que, junto con los oleoductos, también se desarrollan y refuerzan ferrocarriles y conexiones comerciales para establecer corredores alternativos destinados al transporte de cargas.
Las líneas rojas que preocupan a la región
Washington tampoco redujo su presión militar y ordenó nuevos ataques contra objetivos iraníes.
Uno de ellos ocurrió la semana pasada y dejó 18 muertos. Entre las víctimas había cuatro personas que participaban de una celebración de boda, incluido un niño, luego de que la metralla de un ataque estadounidense impactara contra una vivienda ubicada en una aldea cercana al estrecho de Ormuz, según funcionarios iraníes.
Como respuesta, Irán atacó a países de la región y a embarcaciones que circulaban por el estrecho.
Además, grupos aliados de Teherán en Yemen atacaron instalaciones petroleras de Arabia Saudita.
Sin embargo, la intensidad de estos ataques no alcanza los niveles registrados durante los primeros días de la guerra, cuando Irán lanzó cientos de cohetes y drones contra objetivos regionales, incluido Israel.
Aquella ofensiva alteró gravemente la vida cotidiana y provocó daños en países considerados estables.
“La lógica es que Teherán no puede simplemente esperar mientras EE.UU. erosiona gradualmente su capacidad de presión militar y económica”, explicó Azizi, del ICG.
Según el analista, esto no significa necesariamente que Irán busque otra guerra a gran escala. En cambio, consideró más probable una escalada calculada que podría incluir una mayor presión sobre el transporte marítimo, ataques contra bases estadounidenses, ofensivas contra activos navales o incluso acciones contra determinados objetivos vinculados con la infraestructura energética regional.
En medio de esta creciente presión, legisladores iraníes comenzaron a enviar mensajes de disuasión y a advertir a los países de la región sobre nuevas armas y tácticas.
Entre las posibilidades mencionadas aparecen ataques contra buques de guerra y bases, mientras los comandantes militares iraníes aseguran que el ejército actualizó sus equipos y sistemas “de acuerdo con las nuevas amenazas”.
El objetivo sería lograr que la “situación actual sea lo suficientemente costosa” para Estados Unidos como para que retomar la diplomacia vuelva a ser “preferible”, explicó Azizi.
Sin embargo, una estrategia de este tipo también implica riesgos.
“Una vez que ambas partes comienzan a poner a prueba las líneas rojas de la otra, el riesgo de un error de cálculo aumenta significativamente”, advirtió el analista.
Según Azizi, un ataque iraní que provoque una cantidad considerable de bajas estadounidenses, o una respuesta de Washington que atraviese alguna de las líneas rojas establecidas por Teherán, podría hacer que la confrontación supere rápidamente una escalada controlada y vuelva a convertirse en una guerra a gran escala.
