17 junio, 2026
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Una feroz batalla en las redes sociales dejó al descubierto la profunda grieta entre el ala de Santiago Caputo y el sector de los Menem, detonando la estabilidad del entorno presidencial.

La mentada unidad de las fuerzas oficialistas se hizo pedazos públicamente tras un escandaloso cruce que sacó a la luz los odios cruzados en la cúpula del poder. Lo que empezó como reproches pasilleros terminó en una guerra abierta en la plataforma X, donde el principal asesor presidencial acusó directamente al titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, de operar en su contra a través de cuentas anónimas. El mito del equipo homogéneo quedó sepultado bajo una catarata de reproches, traiciones y operaciones cruzadas.

La mecha se encendió cuando se vinculó al riojano con un perfil falso utilizado para defenestrar a ministros clave, incluido el titular de Economía, Luis Caputo. La respuesta del aparato digital capitaneado por los influencers de la gestión no se hizo esperar, lanzando una jauría de ataques que demuestran que, en este espacio, la lealtad es un bien escaso y el canibalismo político está a la orden del día. El entorno del asesor no dudó en calificar el hecho como una «canallada» inadmisible.

Mientras el bando de Menem y la secretaría general intentan bajarle el precio al escándalo tildándolo de simple «ruido de Twitter», la realidad los pasa por arriba. Nadie cree la versión del error involuntario del community manager. La gravedad de la situación radica en que los mismos que exigen sacrificios extremos a la sociedad están perdiendo el tiempo en disputas de cartel y microclima virtual, demostrando una preocupante desconexión con los problemas reales del país.

En el medio del barro quedaron figuras como Lilia Lemoine, quien intentó interceder para frenar el papelón internacional y terminó siendo el blanco de los ataques de los militantes digitales. La interna ya cobró vida propia y amenaza con arrastrar la gestión legislativa, justo cuando el Poder Ejecutivo necesita disciplina absoluta para sostener sus reformas en el Congreso.

La moneda está en el aire y la actitud prescindente del jefe de Estado no podrá sostenerse por mucho tiempo. Las facciones ya eligieron sus armas y el daño institucional está hecho. Queda ver si la ambición de poder de unos pocos terminará de dinamitar el armado político o si el costo de este berrinche tuitero lo pagará la gobernabilidad misma.

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